Sin banda no hay zarzuela

Crónica y Fotos: Ana Martínez

La cultura es importante.

Eso es un hecho, algo que todo el mundo tiene claro. Pero qué poca importancia le damos en el día a día, sobre todo políticamente hablando, pues parece que el porcentaje de presupuesto que se dedica a patrocinar asociaciones culturales es menos importante. Quizá sea simplemente porque la cultura es algo, muchas veces, inmaterial, como pasa en el caso de la música, o porque un pueblo culto es un pueblo crítico con las actuaciones de sus dirigentes.

Es por eso que asociaciones como “Impulso Musical”, son tan importantes en una ciudad como Burgos, ansiosa de, en este caso, escuchar música de calidad, como la que su banda nos permitió presenciar el pasado domingo 26 en un Teatro Principal lleno.

Y es que el teatro estaba lleno porque era un concierto novedoso. Novedoso porque durante hora y media, sólo se iba a escuchar zarzuela, un género muy nuestro y muy denostado, quizá por esa mentalidad de que lo de fuera siempre es mejor. Novedoso por el formato, pues al ser zarzuela, necesita de un contexto previo que nos sitúe en el meollo de la acción. Y novedoso por los intérpretes, pues aparte de la banda, el concierto contó con dos voces magníficas que interpretaban a los distintos personajes, representados por la soprano burgalesa Ana Ayala y por el barítono donostiarra Juan Laborería.

Tras una hora y media de disfrute zarzuelero, en el que pudimos escuchar dúos magníficos y arias de solista, complementados por alguna que otra pieza instrumental que rompía la monotonía, pude hablar con algunos de los protagonistas del concierto.

Sara y María, integrantes de la banda, me comentaban al finalizar que, pese al poco tiempo que han tenido para preparar el concierto, les había gustado el hecho de que hubiese sido diferente, con una música que no escuchamos demasiado, y pudiendo contar con la colaboración de dos solistas, que le daban ese punto de novedad a las letras.

También sobre preparación y sensaciones pude hablar con Ana Ayala y Juan Laborería. Ambos comentaron el buen ambiente que se respiraba en el concierto, sabiéndose creadores de esa conexión con el público, en parte gracias a su complicidad, pero recordando ese punto de nerviosismo que a todo músico le invade antes de pisar el escenario, antes de dar esa primera nota, que luego se ve inundada por el disfrute cuando compruebas que todo está saliendo a la perfección.

Fue compartida también la forma de preparar el concierto para ambos, pues, aunque con diferencias, lo importante siempre es conocer el repertorio a fondo, escuchar distintas versiones y cantar y cantar hasta que consigues hacer cada canción tuya, hasta que consigues sentirte cómodo en la piel del personaje que interpretas, sabiendo que las letras, en este caso, importan tanto como la música.

Y esto es algo especialmente importante en un género como la zarzuela, al que, tal y como me comentaba Juan Laborería, le damos demasiado poco reconocimiento. “Se programan pocos conciertos de zarzuela” señalaba, “pese a ser un género que gusta sobre todo entre los más mayores… Y eso hace que el público joven tenga pocas oportunidades de descubrirlo y aficionarse, consiguiendo que el género perdure”.

Es por eso que la labor de profesionales como Carlos Outón, director de la banda, es tan necesaria.

Es necesaria porque la zarzuela es un género que necesita de un presupuesto amplio para poder ser representada tal y como su autor quiere, y programando conciertos así, sin representación pero con mucha música, se consigue acercar un poquito más este universo al público joven, y no tan joven.

También es necesaria porque la elección de las obras siempre supone un reto. En muchos casos, la simple elección de las piezas a interpretar ya supone un gran obstáculo, pues las transcripciones de las piezas para banda, no siempre son cómodas de interpretar para la tesitura de cada instrumento, y esto siempre dificulta el objetivo principal de todo músico: transmitir la historia que cada obra quiere contar.

En definitiva, y tras poder comprobar las ganas, la ilusión y el trabajo que requieren llevar a cabo proyectos como este, a una servidora le queda clara una cosa: necesitamos valorar más el esfuerzo que las asociaciones amateurs hacen por mantener viva nuestra cultura, nuestra música. Debemos apoyarlas y fomentar su actividad, con más presupuesto y menos críticas, ya que son las que, al final, son las que mantienen la vida cultural de nuestra ciudad en forma.

Porque está claro que, en este caso, sin banda no hay zarzuela.

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