Porque son Los Gandules, y punto.

Ana Martínez & Miguel Ángel Portilla

“¿Bolsa de basura puesta? Hecho.

¿Gafas y tubo de buceo? Puestos.

¿Repertorio de OBK en el suelo para no perderse? Hecho.

¿Público? Mierda. Estos hijos de puta llegan tarde.”

Si esta no fue la conversación que tuvieron Dun Gandul y Tobo Gandul, muy parecida debió ser. Eran las 22:40 de la noche de San Valentín, y Die Escaphandra, los teloneros, salieron a escena a tratar de empatizar con el público en la Sala Andén 56.

Gente desconcertada, otros con batines muertos de la risa y algún que otro cupido borracho fueron el difícil público de estos pobres teloneros, que prepararon, como pudieron, la salida del grupo deseado de la noche: Los Gandules.

A continuación, voy a tratar de resumir brevemente cómo fue el concierto. No es tarea fácil, os lo aseguro.

Sofá. Giuitarras. Dan Gandul. Tobo Gandul. Risas. Batas. Calzoncillos (largos, gracias a Dios). BurguerKings contra LatinMcDonalds. Risas. Gamonal. Empadronados. Coronavirus. Risas. “Cabrones, habéis llegado tarde”. Zapatillas de estar en casa. Pucela. Wuham. Risas. Cerveza. El Cid. Estatuas gigantes del Cid en la plaza de la Catedral. Caramelos Pez que salen por el culo de la estatua gigante del Cid en la plaza de la Catedral cuando le aprietas la cabeza. Risas. Cerveza. Cupidos borrachos. Risas. Puta Pucela. Manuel, cuídame el gato. Los Gandules. Gritos. Abrazos. “Sí joder”. Nicolás Maduro. Más risas. Un súper mix. La NASA. La columna del Andén. Gente gritando como locos. Música. Risas. LOS GANDULES.

Ovación.

Podría tratar de explicar mejor cómo fue su concierto, pero os prometo que es una de esas experiencias que, si no vives, no sabes muy bien cómo explicar para que la gente que no lo ha visto, entienda lo que ha pasado.

Quizá porque ni siquiera nosotros, los que estuvimos disfrutando, sabemos muy bien qué pasó el viernes por la noche.

Si intentas explicarlo lógicamente, Los Gandules son dos señores en bata (que no albornoz), camiseta, zapatillas de andar por casa y calzoncillos, a veces sentados en un sofá, otras de pie, que se dedican, principalmente, a hacer letras chorras en canciones conocidísimas, combinándolas con insultos a la ciudad rival del sitio donde toquen, ofensas al personaje destacado de la ciudad de acogida, siempre improvisando, y alentando a un público que pierde el culo por hacer lo que ellos digan (abrazar extraños, gritar cosas random, bailar como moscovitas en bata subidos en el escenario…)

Pero si os contase esto de Los Gandules en realidad no estaría siendo fiel a la realidad.

Ellos, lo que deben ser es una especie de semidioses enviados a este planeta, capaces de conseguir que TODA LA SALA (incluido el personal de Seguridad), tarareen sus letras y lloren de la risa, aunque no hayan oído hablar de ellos en la vida.

Quizá no sean los más guapos, o los que más se mueven por el escenario, pero son los únicos que consiguen tener a 400 personas en su mano mientras los insultan, porque el público del viernes, se hubiese desnudado y bebido un cachi de cerveza de trago si se lo hubiesen pedido. Hubiésemos intentado ir hasta la Luna en un cohete de la NASA, aunque a veces se pasen de largo. Les hubiésemos cuidado el gato, prometiendo no darle tabaco, por su bien. Hubiésemos robado cobre, bebido Bitter Kas o incluso nos hubiésemos subido a un autobús con varios guardias civiles que, dirección al Congreso, se multan entre sí, que es lo que hacen los guardias civiles.

¿Y por qué?

Quizá sea porque gracias a ellos, sé cómo se llama ese loco material, el corcho blanco, el poliespán, pero…. Qué quieres que te diga, en el fondo, no tengo ni idea.

Pues porque son Los Gandules.

Y punto.

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