La Regadera toca lo inalcanzable

Miguel Ángel Portilla

22:15. Quince minutos de cortesía para que los últimos rezagados no se perdiesen el inicio del concierto. Juicio Final sale al escenario de la Sala Andén 56. Es sábado y la gente tiene ganas de disfrutar, así que todo el mundo se agolpa contra las vallas que delimitan el foso. 

Empieza lo bueno. 

Un público entregado a unos teloneros que ya no suenan como tal, coreaba cada canción de este grupo de Pradoluengo como si el concierto fuese enteramente suyo. 

Gracias a esos 4 metales que hacen que todo suene más y mejor, Juicio Final fue capaz de allanar y preparar perfectamente el camino de La Regadera, que salió poco después. 

Y llegó el momento más esperado de la noche, los ocho componentes de la Regadera salieron al escenario de la Sala Andén 56 que se les quedó pequeña para la potencia y energía que transmitían. Muy pequeño. 

La interacción con el público, que fue como muy pocas veces podemos ver, de esas que se recuerdan, terminó de hacer del concierto del sábado 15, uno de esos que no quieres que se acaben nunca. 

El grupo mirandés, que lleva cinco años en activo y ha conseguido triunfar en tiempo record, recorriéndose las salas de todo el país y salas foráneas, y consiguiendo el récord de tocar en todas las provincias de la comunidad en menos de 24h, repasó con creces sus tres discos: “Para que la vida no pare” (2016), “Trovadores” (2017) y “Dormir es de cobardes” (2019), tocando canciones como “Anímate”, “Vida sólo hay una”, “Gracias”, “Fiesta en mi casa” o “Recogeré”, que fue la encargada de cerrar una lista de canciones hechas para bailar y disfrutar de la vida con tus colegas. 

Pero volviendo a lo del público… 

Qué bonito es ver a grupos nuestros, de la provincia, triunfando sobre un escenario, sabiendo que vienen de llenar otros de fuera muy distintos. Sabiendo que somos unos privilegiados, porque ellos son los que ponen a nuestra ciudad y a nuestra provincia en el mapa musical. Los que le aportan la calidad y la cantidad. 

Y es por eso que el público los recibe siempre con los brazos abiertos, con el calor de casa, ese que siempre nos falta en las calles. 

Y también es por eso que La Regadera devolvió ese calor con creces, dando de beber a la gente del público. Literalmente. Con una regadera gigante, como no podía ser de otra forma. 

El reloj da la 1:52. Termina el concierto.Foto con el Público. Los músicos se bajan, ovacionados. La gente sigue entusiasmada. Quieren más, pero es hora de recoger y marchar a casa. O de seguir la fiesta en otro sitio. Porque pocos de los que estuvimos el sábado allí, nos marchamos directamente a casa. Era imposible. Demasiada emoción positiva junta como para no seguir compartiéndola con gente a la que quieres en otro sitio, con una cerveza o un vaso de agua en la mano, da igual, pero con la música de La Regadera resonando aún en la cabeza.

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