La mejor de las líneas. Crónica de León Benavente en la Sala Andén 56

Fran Sarabia y Miguel Ángel Portilla

En ocasiones las noches en la Sala Andén son como viajes. Viajes de esos en los que a ratos te quedas mirando al paisaje y en los que los recuerdos, los planes y la imaginación invaden tu mente. Otros momentos son para conversar, contar historias, o para el silencio.

El autobús lo condujo el sábado pasado León Benavente. Conductores con una dilatada experiencia y de calidad contrastada. El trayecto tuvo de todo, tramos de clásicos, de “hits”, de influencias, de fusión de géneros, del pop indie español más puro, o incluso de rap.

Íbamos hasta arriba, no cabía nadie pero estabamos cómodos. León Benavente preparó algo más que un concierto, preparó un espectáculo. La escenografía propia que prepararon estaba formada por un largo telón brillante que envolvía a todo el grupo, junto a sus instrumentos y varios grupos de focos, estratégicamente colocados. Todo ello les envolvía de una atmósfera que ampliaban proyectando su música hacia el público.

La parada final no fue otra que el gozo. El gozo de los fans más acérrimos que abarrotaron las primeras filas, y también de los aficionados más distantes con la música del grupo, como un servidor, que disfrutamos de una noche de buena música.

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