IX Semana de la Mujer y la Ciencia

Ana Martínez & Miguel Ángel Portilla. 

Este viernes 14, día de San Valentín, día de los enamorados, La Estación ha llenado sus salas de mujeres enamoradas, pero por la ciencia. 

Como parte de sus jornadas integradas dentro de la IX Semana de la Mujer y la Ciencia organizados principalmente por la Universidad de Burgos y el ICCRAM, con el apoyo de grandes instituciones como el CENIEH o FECYT y gracias al apoyo institucional del Ayuntamiento de Burgos, La Estación acogió a 84 niñas ansiosas de aprender y descubrir qué es la ciencia, qué ramas tiene, y, sobre todo, qué podemos hacer con y gracias a ella. 

La acogida de estos talleres ha sido tal, que, a las seis actividades programadas, han tenido que sumar una más para poder dar cabida a tanto entusiasmo. 

Los distintos talleres, impartidos por profesores universitarios, alumnos de la propia universidad y profesionales del ICCRAM, estaban acompañados por una charla a cargo de Ileana María Greca Dufranc, que se encargó de explicarnos los “Factores que influyen en la participación de niñas y mujeres en la educación Steam”, y que pone el punto y final a una semana en la que se han llevado a cabo mesas redondas sobre  enseñanza de las ciencias y su impacto en las vocaciones científicas, grabaciones de podcast y varias proyecciones. 

Y qué envidia. 

Qué envidia sana ver a todas esas niñas jugando con robots, aprendiendo a programar, haciendo lámparas de lava y volcanes. Qué envidia sana el ver sus caras, la ilusión, la emoción de hacer algo maravilloso por primera vez. 

Qué envidia sana ver su determinación. Ver esas caras de “seré lo que quiera y nada me va a parar”, porque está claro que en la ciencia, cada vez somos más las que ocupamos puestos de investigación, de divulgación, y que, gracias a talleres como estos, seremos cada vez más mujeres a la cabeza de la innovación y la investigación científica. 

Y qué pena. Qué triste pena que espacios e iniciativas como estas hayan tardado tanto tiempo en aparecer, en darse a conocer y en normalizarse, porque, después de pasar una tarde entre pipetas, cables, ordenadores, grandes profesionales y caras de ilusión y poder, una servidora tiene claro que si esto llevase siendo la norma desde que yo soy pequeña, las mujeres ya dominaríamos el mundo (de la ciencia).

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