Historias con Inicio “C”: Universidad

Ana Martínez

Es el trigésimo octavo día de la cuarentena, y empiezo a estar un poquito hasta las narices de la universidad.

Lo primero de todo es que entiendo que la situación es complicada, que como profesores, es muy complejo adaptarse a una docencia online para la que nadie nos ha preparado, con unas herramientas completamente nuevas o que apenas usamos, y tirando al traste absolutamente toda la programación que se curran antes de un curso. Lo sé. He estudiado magisterio. He dado clases. Estoy dando clases, y a mi también me ha fastidiado toda la programación que tenía ya pensada en la cabeza. Pero lo que no se puede es hacer lo que algunos están haciendo.

Y me explico.

Como estudiantes, la sensación es que no están teniendo en cuenta que no sólo tenemos una asignatura. Que algunos trabajamos, que otros tienen 9 asignaturas más, y que igual que durante la vida normal de hace 3 meses, no podemos nadie dedicar 5h diarias a cada asignatura, fuera del horario docente. Porque no sólo son las obligaciones, también es la desconexión. El descanso mental es importante y más ahora mismo, así que tener momentos para ti mismo, debe ser una prioridad. Y no nos están dejando.

Trabajos imposibles porque requieren materiales que no tienes en casa. Sobrecarga de tareas que presencialmente nunca hubiesen mandado. Docencia online en las horas de clase habituales. Y así con todo.

Está claro que no es sencillo, que es una situación que nos ha pillado a todos haciendo chistes con sopas de murciélagos y la gripe italiana. Y tampoco pido un aprobado general, pero hay un punto intermedio, que es el que pocos están encontrando.

Obviamente, yo no tengo la solución. Ojalá la tuviese y pudiese solucionarles la vida a mis profesores y a todos los amigos que tengo estudiando, pero claramente, esta no es la manera correcta.

Nos toca aprender, a todos. Nos toca rectificar sobre la marcha lo antes posible, y nos toca ser humildes. Aceptar que nos podemos equivocar y escuchar a los alumnos, nuestros problemas, nuestras dificultades y nuestras peticiones, porque desde luego, si hay algo o alguien a quien esta situación se debe adaptar es la universidad a nosotros, no nosotros a la universidad.

Siento ponerme tan intensa, pero creo que la docencia no es esto, y realmente siento que se está perdiendo mucha salud mental por el camino, y no podemos permitírnoslo, porque en este trigésimo octavo día de la cuarentena, estoy un poquito hasta las narices de cómo se está actuando dentro de la universidad.

Un comentario:

  1. Cuanta razón

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