Historias con Inicio “C”: Un Nuevo Ángel

Ana Cuesta Muñoz

Acabo de despertarme hace menos de una hora y las noticias que han acompañado al desayuno no han sido las mejores.

Mi tío, el hermano de mi abuelo, ha fallecido.

No, no ha sido la culpa de este maldito virus que esta acabando con nuestros mayores, es que tampoco sabemos lo que ha sido.

Mi tío vivía solo en el pueblo, como él quería. En verano estábamos más con él, pero los inviernos largos y crudos en la vida rural, los pasaba realmente solo porque apenas nos acordábamos de él.

No voy a ser hipócrita, ni mucho menos.

Era una persona que se dejaba querer a su manera, que tenía mucho carácter. Pero cuando te quería, lo hacía de verdad.

Te cogía los mofletes tan fuerte que no te olvidabas en todo el día de ese saludo, imaginaros la etapa de los brackets…

Los vermuts en su salón, viendo cualquier serie mala que para él era como una película de estreno.

Y que simplemente fuéramos a verle, que le diéramos dos besos, con eso él vivía contento toda la semana.

Hace más o menos un mes, estuvo muy malito en la UCI y todos pensábamos que se iba a terminar ahí, que no iba a haber más abrazos ni más tirones de mofletes.

Íbamos a verle en las horas establecidas, hablándole a veces, otras solo esperando que el médico nos dijera como estaba…

Y salió, un día abrió los ojos, y lloró, lloró como un niño, y yo no pude más que sentir alivio y compasión y no sé cuántos sentimientos más.

Le subieron a planta y he podido ir, un par de veces. Hablaba bajito, con una boca de piñón a causa de no tener dientes, y volvía a parecer un niño.

Hace una semana me fui a París y me entere de que le habían llevado por fin a una residencia, que estaba mejor, que todo iba a salir bien.

Con esta situación que estamos viviendo restringieron las visitas y no hemos vuelto a verle.

Ahora os podéis imaginar esa incertidumbre, esa rabia que tengo que no me deja ni desayunar.

Vuelvo a repetir, no voy a ser hipócrita, ni a proclamar que la familia es lo primero, pero le quería a mi manera y sé que él a mí también.

Así que hoy, entiendo por desgracia a todas esas familias que han perdido a alguien durante este trance.

Ayer le mandamos un vídeo, o puede que fuese antes de ayer, no sé si lo habrá visto, no sé si habrá ido escuchando nuestras voces o las de desconocidos.

Y siento hablar así de la gente que le ha estado cuidando, porque sé que lo han hecho lo mejor posible y nos han estado informando día sí, día también, pero hoy siento rabia e indignación de tener que quedarme en casa y no poder decirle adiós, de no poder despedirme.

Tío, esta carta es para ti.

Sé que vas a estar en un lugar mejor, y que seguro que te reencuentras con amigos de la infancia y de la madurez.

Sé que arriba tendrán un cargamento de navajas y berberechos esperándote y que seguro que te cuidan mucho mejor de lo que lo hemos hechos nosotros o de lo que nos has dejado hacer.

Siento muchísimo no haberte llamado tanto como debería, siento no haber pensado en como estarías pasando el día o como te encontrarías de salud.

Espero que me perdones y que por fin estés tranquilo y en paz.

Te quiero mucho.

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