Historias con Inicio “C”: Terrazas

Ana Martínez

Septuagésimo cuarto día de la cuarentena. Ahora, los irresponsables no dan paseos, se sientan en terrazas.

Creo que nos ha durado poco lo de la conciencia social, lo de tener en cuenta que casi 30.000 personas han muerto en nuestro país en los últimos tres meses. Y lo digo entre enfadada y aburrida, porque realmente, es un coñazo terrible estar todos los días comentando lo mismo.

Y es que no hay más que ver qué rápido nos hemos sentado todos juntitos en una mesa de un bar, nos hemos quitado las mascarillas y nos hemos puesto a beber como si aquí no hubiese pasado nada. Un día y medio llevamos en la Fase 1 en esta ciudad, y ya he visto más fotos e historias en las redes sociales de la gente pasándose por el forro el distanciamiento social y las medidas de seguridad que de fachas ondeando la bandera, y mirad que es complicado, porque fachas con banderas hay muchos. Demasiados.

Es por esto, por lo de que estéis muchos pasando soberanamente de las recomendaciones sanitarias, por lo que yo me niego a pisar una terraza de un bar, al menos esta semana. No me apetece beber enfadada. No me apetece pensar en que por gente como los que tengo al lado, mi abuela podría contagiarse y morir si sale a la calle, y no me apetece que tú, que has perdido a tu tío por el bicho a lo largo de estos meses, te descojones en mi cara y me llames paranoica por no darte un abrazo, por no quitarme la mascarilla más que dos segundos para beber, por mantener la distancia todo lo posible. Simplemente, me da demasiada pereza.

Y lo siento muchísimo por los bares, porque sé que me dejaría decenas de euros en una sola tarde, y eso son ingresos que pierden, pero no estoy dispuesta a compartir el oxígeno contaminado con idiotas.

Es por eso que la terraza de Rubén, esa que tiene en casa y que tan poco usamos, me parece la mejor opción. Poder estar allí todos, separaditos, cada uno con su bebida y su picoteo, sin tener que aguantar tonterías. Qué queréis que os diga, a mi me parece un plan estupendo. Ahora sólo falta que el tiempo de Burgos acompañe, que creo que es más complicado aún que el hecho de que la gente recuerde que seguimos en una situación complicada.

En fin, voy a ver si empiezo a llamar a mis amigos y a organizar el tema de la terraza, porque está claro que después de setenta y cuatro días de cuarentena, después de casi 30.000 muertos, los tontos y los irresponsables ya no dan paseos. Ahora se van a los bares. Ahora, se sientan en las terrazas.

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