Historias con Inicio “C”: Siesta

Ana Martínez

Día cuadragésimo noveno de la cuarentena, me acabo de despertar de la siesta.

Es una de esas cosas que llevo haciendo siempre, desde que soy muy pequeña. Lo de echarme la siesta digo. Y no sabéis lo que me gusta. Posiblemente sea uno de los mejores momentos del día, y cuando no me la puedo echar, realmente estoy de una mala leche que cualquiera que me conozca sabe que es complicada de sobrellevar.

Para mi, la siesta es sagrada.

Y no estoy hablando de esas siestas cortas, las “power nap” que llaman los americanos. Eso ni es siesta ni es na. Una buena siesta dura, por lo menos, 1h. A partir de ahí podemos negociar, y te puedo considerar que 40 minutos pueden ser suficientes en caso de emergencia, pero para mi, el tiempo óptimo va de la hora y media a las dos horas. Más de dos, empieza a convertirse peligrosamente en algo que puede juntarse con la noche y hacerte perder toda la tarde. Y tampoco queremos eso.

Hoy, por ejemplo, ha caído un siestón de dos horas, y escuchar la alarma del móvil ha sido como resucitar de entre los muertos. Y ha dolido bastante tener que ponerse a hacer cosas de nuevo, la verdad. Con lo agustito que estaba yo en mi cama.

Cambiando de tema, hoy he empezado dos puzles. Uno que he terminado rápido, porque mi madre se confundió al comprarlo, y en vez de 1000 piezas, tenía 100, así que en apenas 15 minutos estaba ya encolado y listo para enmarcar. El otro va a ser una locura. Creo que mi madre por compensar, ha cogido uno que parece imposible. Es un puzle de La Gioconda, así que básicamente tiene tres colores, negro, marrón y verde. Y a partir de ahí, pues te vas apañando tú con las 1000 piezas y el sitio en el que va cada una. Creo que termina toda esta movida antes de que yo consiga terminar ese puzle.

Por otro lado, mi día hoy en el Viña hubiese sido parecido al que ya os conté, pero cambiando lo de estar media tarde en las tiendas bebiendo por empezar a beber antes para ir a eso de las 17h al recinto. Y por si os lo estabais preguntando, si. En el ViñaRock también me echo la siesta, o al menos, lo intento.

Para ir cerrando temas, Blanca está bien, y ahora se asoma más a la ventana para ver jugar a los niños que ya pueden salir. Ahora mismo hay unos jugando justo debajo de mi ventana, pero casi que prefiero no asomarme, porque por las voces, sé que hay una adulta hablando por teléfono y otro adulto jugando al fútbol con el resto de niños, sean suyos o no, así que intuyo que hay muchas normas ahí que se están incumpliendo y casi que prefiero no cabrearme.

Hoy es el cuadragésimo noveno día de la cuarentena y ya sabéis, si me necesitáis, no contéis conmigo de cuatro a seis de la tarde, que posiblemente me esté echando la siesta.

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