Historias con Inicio “C”: Sangre

Ana Martínez

Es el trigésimo quinto día de mi cuarentena y hoy me he ido a donar sangre.

Es algo que ya había hecho otras veces, y la verdad es que tenía muchas ganas de poder volver a donar, pero con esto de hacerme tatuajes cada pocos meses, no había forma de encontrar el momento. Pero por fin, hoy ha sido el día.

En realidad he ido porque ayer por la noche recibí un mensaje del banco de sangre pidiendo una donación coordinada, así que, yo, que hoy no tenía nada más interesante que hacer, me he ido por la mañana tranquilamente a hacer algo que creo que todos deberíamos hacer una vez en la vida.

Todo ha ido normal, poca gente y separaditos para que nadie se contagie. Enfermeras majísimas y refrescos en la nevera.

Como siempre, las pobres que estaban sacando sangre han tardado un montón en conseguir encontrarme una vena viable, y es que ese es uno de mis mayores problemas médicos. Las malditas venas. O son muy finitas, o están muy escondidas o directamente, se mueven y es imposible pincharlas. Así que así he estado yo durante cinco minutos, con gomas en ambos brazos, los puños apretados y una enfermera en cada brazo tratando de palpar una vena viable, porque claro, no es lo mismo el diámetro de la agujita que usan para un análisis de sangre normal, que el que usan para las donaciones. Más que una aguja, parece un trabuco.

Al final ha habido suerte y al primer pinchazo, la sangre ha empezado a salir.

Y poco más. 10 minutos aproximadamente de extracción, una buena conversación con la gente que está por allí, un sándwich y un zumo y a casa, como si no hubiese pasado nada. Ni mareo, ni sudor frío, ni dolor de cabeza ni nada. Por eso creo que es algo que todos deberíamos hacer al menos una vez en la vida, porque es algo que realmente no nos cuesta esfuerzo, te permite hacer una vida normal media hora después (yo acabo de terminar una clase de cardio sin problemas) y le das a la sociedad un poquito de eso que tú puede que necesites un día.

Es una bobada, pero la solidaridad es más importante que nunca.

Hoy, en el trigésimo quinto día de mi cuarentena, he ido a donar sangre.

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