Historias con Inicio “C”: Puerta

Ana Martínez

Es el vigésimo noveno día de la cuarentena, y hoy más que nunca, no sé por qué, no veo el momento de salir por la puerta.

La de mi casa, quiero decir.

Y no para salir a comprar el pan cada catorce días, como estoy haciendo últimamente. No. Salir para no entrar en una buena temporada. Horas. Días. Semanas quizá.

Y no es que me lleve mal con mis padres. Al contrario. Creo que tenemos una relación que ojalá la tuviese todo el mundo, pero… Sinceramente, echo mucho de menos viajar.

Retomar esas escapadas que tenía pendientes con mis amigos. Esas casas rurales perdidas en medio de la nada, donde sólo puedes molestar a las vacas porque en kilómetros a la redonda no hay ningún ser humano. Esas en las que desayuno calimotxo en la terraza, al solito, con un libro y el bañador para ir cogiendo moreno. Esas en las que me encargo de hacer la comida porque, por suerte soy una maravillosa cocinera, y básicamente, porque odio fregar. Casas rurales en las que entrar en la habitación del que se está echando la siesta a tocar las narices es una tradición, porque aquí o dormimos todos, o no duerme nadie. Esas en las que la música nunca está al volumen perfecto, porque si está muy alta no os oigo, pero si la bajas mucho, os escucho demasiado, colega. Esas de mezclas de alcohol y aperitivos hasta ver amanecer, mientras juegas a juegos imposibles de ganar, porque ya te sabes todos los salseos del grupo, que para eso son tus mejores amigos, pero en los que da igual repetir una y otra vez la misma historia de mierda en la que alguien dejó una marca de su mano ensangrentada en la pared, o de cuando aquel se lio con su ex por enésima vez… O cuando Ana se cayó y se jodió algún tipo de articulación, que básicamente es cada vez que sale de la cama.

Lo echo de menos. Mucho. Muchísimo.

Pero tengo algo de pánico a que no vuelva a suceder hasta el verano del 2021. Que nos quedemos sin nosotros. Porque para algunos, la desconexión será estar tranquilos en la playa. Para mi, es fumarme un porro con mis amigos tomando el sol mientras a alguien le pintan un bigote con rotulador permanente. Porque así de básicos somos, y espero que así sigamos siendo hasta que nos vayamos muriendo, con hijos y nietos.

Hoy, en el vigésimo noveno día de la cuarentena, más que nunca, no puedo evitar pensar e imaginarme el momento en el que todos podamos salir por la puerta.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.