Historias con Inicio “C”: Playa

Ana Martínez

Hoy es el vigésimo segundo día de la cuarentena y no paro de pensar en que debería estar en la playa.

Sí. Lo sé. Soy una pesada. Una cansa de dimensiones bíblicas. Pero qué queréis que os diga, este es mi blog, mi espacio, y escribo lo que se me sale de la punta de la nariz. Si queréis vosotros el vuestro, ya sabéis, mandad vuestras cosas.

El caso. Que no paro de pensar en la playa. He estado tomando el sol por la mañana en mi habitación, que es cuando asoma por esa ventana, y mi mente no dejaba de buscar formas para conseguir acercarme un poco más a esa sensación. Sonidito de olas en el móvil, cervecita, crema de sol para no quemarme y oler a verano… Todas las fórmulas posibles, pero nada. No había forma de conseguir las sensaciones adecuadas, así que me he abierto otra cerveza y me he dispuesto a sentirme resignada.

Si hoy hubiese estado en La Palma, el día hubiese sido parecido al de ayer pero sin aeropuerto. Levantarse a eso de las 11, que papá haya subido una napolitana de chocolate después de haber ido a desayunar a las 7 de la mañana al bufet. Hacerme un colacao para la napolitana. Playa. Comer en la terraza del Casablanca una pizza mirando al mar. Paseo. Siesta. Gimnasio. Playa. Palas. Ducha. Cena. Paseo. Mojito. Y a dormir. Lo que ya sabéis, vaya.

Sin embargo, el plan ha sido frustración, comer, bronca, ejercicio, aburrimiento, ducha, y supongo que ahora, aplauso, cena y a ver una peli, o a hacer alguna de esas quinientas mil videollamadas que estamos haciendo. Lo mismo me da, si os soy sincera.

En otro orden de cosas, hoy he vuelto a ver a la señora de la residencia de enfrente. Está bien, y eso es un alivio, porque hacía tiempo que no la veía. La parte mala es que hoy no ha mirado hacia mi ventana, así que no la he podido saludar y preguntarle su nombre. Que podría haberla gritado, ya, pero no me parecía lo más adecuado, sinceramente. Imaginaos la escena: una tía en camiseta, gritándole a una anciana que se asoma a la ventana, que no sabe si está sorda, medio sorda o por el contrario oye como un murciélago, preguntándole su nombre a las cuatro de la tarde… Pues qué queréis que os diga, yo no lo veo. Espero que mañana siga haciendo bueno y tenga otra oportunidad de saludarla.

En fin. Mira que he tratado de evadirme del fiasco de las vacaciones mientras escribía, pero está claro que si escribo sobre ello, es complicado olvidarse. Seguiré escribiendo una temporada más, por lo que parece, por lo menos, 23 días más, así que vosotros, cuidaos muchos, que yo, en mi vigésimo segundo día de la cuarentena, seguiré pensando en la playa.

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