Historias con Inicio “C”: Planes

Ana Martínez

Hoy es el duodécimo día de cuarentena y me he dedicado a hacer planes.

No es que durante estos doce días no haya pensado ya qué cosas quiero hacer, porque creo que es algo que llevamos haciendo todos desde el principio, el pensar a quienes queremos ver, con quién nos tomaremos esa primera cerveza al sol, o quién será el primero en disfrutar a nuestro lado unas buenas palomitas en el cine. Esas ideas llevan rondando mi cabeza desde el día 16, prácticamente, pero yo me refiero a hacer planes. De verdad. De los que agendas en el calendario del móvil y pones en “IMPORTANTE!” para que no se te olvide nunca.

Y haciendo planes, me ha pasado una cosa curiosa, y es que he podido ordenar mi lista de prioridades. Me he dado cuenta de qué personas quiero en mi vida, y quienes pensaba que estarían para siempre pero han dejado de estar. Al menos, esta cuarentena tendrá algo bueno.

El caso. Que en cuanto salga de casa, sé que lo primero que voy a hacer es dar un paseo hacia el centro, hacia la casa de mi abuela. Entraré y la daré un abrazo de esos largos, eternos, que nunca se acaban. Después, iré a la sala donde estará mi abuelo viendo la televisión, y le daré otro abrazo largo. Sé que el tiempo pasa, pero necesito recuperar algo de esos momentos que me estoy perdiendo a su lado. Hablaré un rato con ellos y después, me marcharé dando otro paseo por la orilla del río, en dirección a un bar, a una terraza, dispuesta a seguir dando abrazos.

Allí. En el bar de siempre. En la terraza, pegados a la carretera. Unas jarras de cerveza o de calimotxo, el abrigo puesto porque corre el viento y un par de platos de bravas dobles. Sillas llenas. Mis amigos. Los de siempre. Los cuatro idiotas que siempre han estado ahí, y las que gracias al cielo, aguantan para no dejarme como única representante femenina del grupo. Mi novio. Sonrisas. Muchas bromas, y abrazos. Más abrazos. Todos los que no nos hemos podido dar durante estos días.

Después, cena en la terraza de Rubén, o igual en algún restaurante, como al que no pudimos ir cuando quisimos celebrar los cumpleaños. Y por último. Fiesta. Más abrazos. Más anécdotas. Más recuerdos. Más cariño y por qué no, más copas. Allí, reencontrarme con esos con los que siempre me encuentro de fiesta, los que aguantan conmigo hasta las 8 de la mañana en Bernardas, y más abrazos.

Para terminar el día, o empezar el siguiente más bien, ir a casa con él. Ponernos una peli en el proyector y quedarnos dormidos juntos, abrazados, y despertar al día siguiente sin importar qué hora será. Volver a mi casa, comer en familia y por fin, ahora sí, retomar mi vida, esa que tanto estoy echando de menos estos días, pero de la que tanto me he quejado y tanto me quejaré cuando vuelva la normalidad.

Sé que es posible que muchos de estos planes no los pueda hacer. Es posible que falte gente, es posible que falte yo, pero al menos, ahora, tengo un objetivo claro para cuando esta cuarentena pase.

Hoy es el duodécimo día de la cuarentena, y he dedicado mi día a hacer planes.

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