Historias con Inicio “C”: Pizza

Ana Martínez

Quincuagésimo octavo día de la cuarentena, hoy he comido pizza.

Llevaba toda la cuarentena prácticamente diciendo que me quería comer una pizza, pero en casa al principio del confinamiento, dijimos que se prohibía pedir comida a domicilio por ética. Al menos, los primeros días. Y hoy mi madre ha sido la que ha decidido que era el momento de levantar la prohibición de forma temporal, siempre y cuando la comida que se pidiese no fuese a una gran cadena de restauración. Así que teléfono en mano, he buscado qué pizzerías de Burgos estaban repartiendo a domicilio y sólo me quedaban un par de opciones, por lo que la elección ha sido sencilla.

Y poco más tiene la anécdota. Que me he comido la pizza, que me ha sentado fatal y que estoy tirada en la cama con el estómago intentando asimilar un tipo de comida que creo que ya se había olvidado de cómo digerir.

Un acierto de antojo, sin duda.

Hoy la entrada va a ser breve porque los periodos en los que me separo de la taza del váter para vomitar la pizza o lo que sea que me quede ya en el estómago, también son breves. Y en este quincuagésimo octavo día de la cuarentena, maldigo la hora en la que se me ha ocurrido pedir una pizza.

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