Historias con Inicio “C”: Pinchazo

Ana Martínez

Octogésimo noveno día de la cuarentena. Hoy, por tercera vez en menos de tres meses, me han vuelto a dar otro maldito pinchazo.

¿Os acordáis que al principio de toda esta movida me acerqué a donar sangre un día? ¿Y os acordáis de que hace unas semanas, me tuvieron que hacer otros análisis, y que estuve algo cagada con los resultados y tal?

Pues bien. Hoy me han tenido que hacer OTROS análisis distintos. ¿Y para qué? Os estáis preguntando… Os lo cuento, tranquilos.

Os dije que tenía miedo porque yo sabía que mi cuerpo se estaba comportando de manera extraña. Os dije que tenía que informarme bien y hacer un plan para conseguir estar más tranquila. Pues todo eso ya está hecho.

La semana pasada, fui a la consulta privada de una digestóloga que me ha pedido más pruebas para confirmar lo que creo que todos en mi casa ya sabemos, y es que tengo algún tipo de Enfermedad Inflamatoria Intestinal (o EII). No os preocupéis, no es nada grave, ni me voy a morir de esta, pero sí que es cierto que es una patología que dura de por vida, y que, sinceramente, es una de las cosas más puñeteramente pesadas que he tenido y que tendré. Simplemente, consiste en que parte de mi sistema digestivo se inflama a lo bestia y eso me genera malestar, mala absorción de nutrientes, y todos los etcéteras que os podáis imaginar. Son enfermedades poco conocidas porque se descubrieron hace relativamente poco, y precisamente por eso, me parecía importante contaros que existen.

Bueno, que me desvío. El caso es que una de esas pruebas que me ha pedido la nueva médica, me la he hecho hoy y ha sido otro maldito análisis, que me ha costado estar toda la mañana tumbada en el sofá porque me han tenido que pinchar cuatro veces para conseguir sacarme sangre.

Pero lo importante de todo esto es que estos análisis me los he tenido que hacer en un laboratorio privado. Y han costado dinero. Mucho dinero.

Y aquí llega mi razonamiento.

Si todo esto del bicho no hubiese pasado, todas estas consultas y pruebas que estoy pagando, las costearía la Seguridad Social, porque para eso está. Por suerte, en mi casa podemos hacer el esfuerzo económico y agilizar el proceso para conseguir un diagnóstico más temprano, pero… Ahora imaginaos que yo no tuviese esa suerte. Que tuviese que esperar hasta noviembre, que es cuando me reasignaron la cita inicial con la digestóloga de la sanidad pública, para empezar a hacer el diagnóstico. Y ahora, pensad que no es una EII. Pensad que pudiese ser algo peor, y que por no tener dinero para pagarme una consulta privada, tengo un cáncer que va empeorando a medida que pasan los meses. Qué putada, ¿verdad?

Pues resulta que todo esto está pasando. En muchísimas áreas de la medicina y con muchísimas patologías distintas. Y resulta que si la gente no votase a partidos que esquilman la Sanidad Pública, posiblemente, el tiempo de espera sería muchísimo menor, básicamente porque tendríamos más médicos y médicas que harían un trabajo maravilloso y agilizarían todo el sistema.

A lo que voy, es que tras ochenta y nueve días, creo que tenemos que ser conscientes de que casi nadie de los que vivimos en este país, podríamos costearnos una buena cobertura de sanidad privada, porque si unos análisis de

sangre cuestan más de trescientos euros, imaginaos una operación o un tratamiento de quimio. Así que, por favor, cuando ejerzáis vuestro derecho y vuestra obligación a votar, pensad en que mucha gente vive gracias a la Sanidad Pública, y sin ella, no se hubiesen podido permitir ese pinchazo.

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