Historias con Inicio “C”: Pepinillos

Ana Martínez

Octogésimo octavo día de la cuarentena. Hoy tengo mucho antojo de pepinillos.

No, no estoy embarazada. Y no. No tengo pepinillos en casa. Y ahí reside el antojo.

Que es una tontería, lo sé. Que me podría bajar a la tienda a comprar pepinillos, también lo sé. Que soy medio idiota, por supuesto, pero es que no me apetece nada vestirme y bajar a la calle. Con la tontería de la desescalada, llevo casi una semana sin poder descansar y quedarme un día tranquilo en mi casa. Porque sí. Me apetece mucho estar en casa, todo el día, encerrada, con mi pijama roñoso, una coleta mal hecha y un maratón de series.

Supongo que en realidad, lo que echo de menos es la cuarentena.

Manda huevos, con lo que me quejaba yo al principio. ¿Os acordáis? Que si ansiedad por aquí, que si me aburro y me hago amiga de una mosca por allá. Que si el telecole es una porquería y quiero volver a las clases presenciales, que si quiero retomar los entrenamientos y los ensayos con la orquesta… Dios mío, valiente imbécil que era. Con lo tranquila que se está en casa sin gastar dinero y sin tener que aparentar que te apetece estar donde estas. Y con lo bien que se vive sin sujetador. Importante. Porque igual para los chicos no hay tanta diferencia, pero os prometo que para nosotras, por muy poco pecho que tengamos, el poder dejar el sujetador metidito en el cajón, te da una comodidad y una libertad que nunca antes habíamos sentido.

Y pensaréis: “Pues no os pongáis sujetador, que tampoco es un drama ir sin él ni es obligatorio por ley”.

Cómo se nota que esto lo habéis pensado sólo los que os definís en masculino.

Por desgracia, el canon de belleza que impera en nuestra sociedad, nos obliga a las mujeres a aparentar que carecemos de pezones. ¿No os habéis dado cuenta? Seguro que habéis visto cientos y cientos de comentarios de “Instagram me censura el pezón porque soy mujer”. Coño. Normal. Instagram es sólo un reflejo (de mierda) más de la sociedad, y si por la calle ya te increpan por que se te noten los pezones, pues cómo no iban ellos a censurarlos también.

Y no. Os prometo que no exagero nada. Ojalá. El ejemplo lo viví el otro día que salí a dar un paseo y en un arrebato de reivindicativa libertad perezosa, decidí hacerlo sin sujetador. En el rato que estuve fuera, encontré tres actitudes. En primer lugar, la normal, la que todos deberíamos tener, la de ignorar porque no me estoy fijando en que se te marcan los pezones. En segundo lugar, la sutil, la de la gente que te mira y cuchichea. Os prometo que miré a ver si tenía la bragueta del pantalón abierta tres o cuatro veces y abrí la cámara frontal del móvil para comprobar que no tenía nada raro en la cara antes de darme cuenta de que lo extraño de mi atuendo eran mis pezones. Y la tercera. La mejor de todas. En la que te recuerdan que efectivamente, tienes pezones. A mi me lo recordaron dos amables señores que, con un cariñoso grito a toda voz, me recordaron este hecho con un maravilloso “PONTE SUJETADOR GUARRA, QUE SE TE MARCA TODO”. Menos mal que me recordaron que tengo tetas que rebotan y pezones que se marcan. Yo ya estaba preocupada porque pensaba que tenía un par de tumores en el pecho.

En fin, que bromas aparte, si esto me pasa a mi, que apenas tengo pecho, saliendo a dar un paseo de 1h, imaginaos la misma situación en el trabajo. Supongo que es lo que tiene sexualizar dos “montañitas” que forman parte de

los pechos femeninos. Porque no os creáis que los tíos sufren el mismo tipo de consejos amables cuando van sin camiseta por la vida, o cuando se compran camisetas dos tallas menos que hacen que se les marque hasta la aorta.

Y es que mirad, tras ochenta y ocho días de cuarentena, yo lo único que quiero es quedarme en casa para poder estar sin sujetador, mientras sacio mi antojo comiendo pepinillos.

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