Historias con Inicio “C”: Paseo

Ana Martínez

Quincuagésimo primer día de la cuarentena, hoy he salido con mi madre a dar un paseo.

Sí, ya sé que ayer dije que tenía muchísimas dudas, que correr me daba cosa, y al final no salí, así que hoy, tras hablarlo con mi madre, he decidido que una buena toma de contacto con la gente, con mi forma física, sería salir una hora a caminar a buen ritmo.

Y la verdad es que no me arrepiento.

Lo peor de todo han sido los mosquitos. Eso, y volver a sentirme juzgada y observada por la gente. Que yo sé que es una tontería mía y que nadie me mira y critica cómo voy por la calle (a ver, que no es nada del otro mucho, legins y top), pero es una de esas paranoias que me generan inseguridad. Últimamente, me estoy dando cuenta de que pienso muchas tonterías.

En cuanto a la cantidad de gente… quizá fuese excesiva para salir a correr, pero bueno, es domingo, hace buenísimo en la calle y no creo que un día normal, de la normalidad de antes, hubiese menos gente. La diferencia es que estaríamos todos en las terrazas de los bares con una cerveza en la mano y unas patatas en la mesa, y no paseando y haciendo deporte. Yo sé que el bicho es malo, pero hay que darle las gracias por la activación física que está consiguiendo en la gente, porque recordemos que ejercicio es igual a salud, hasta que te lesionas, claro.

No sé, es posible que coja costumbre de salir a caminar una hora todos los días, pero quizá no a las 20h, como hoy. Quizá salga más tarde, aunque suponga no ver luz.

Por ir cerrando capítulos, hoy hubiese sido día de volver a casa desde el Viña. Levantarnos a eso de las 10 o las 11 de la mañana. Desayunar cualquier cosa que nos quede en las tiendas. Desmontar todo lo que tenemos e intentar limpiarlo lo máximo posible para no meter mierda en el coche. Terminar de llenar de basura las bolsas para que no haya mierda tampoco en nuestra parcela. Atasco para salir del pueblo. Intentar coger una ruta alternativa y perdernos por los viñedos, para terminar volviendo exactamente al mismo sitio desde donde hemos salido, como el año pasado. Parar en la gasolinera a tomar un pincho de tortilla e ir al baño. Despedirnos de Alex, que se marcha en dirección contraria. Abrazarnos y llorar porque qué bonitos son mis amigos, cuánto los quiero y qué suerte tengo de tenerlos a mi lado. Coger la carretera y parar a comprar comida en el Mac que hay pasando Madrid. Parar en la gasolinera esa que tiene jardín con las hamburguesas, sacar las sillas de los coches, las toallas y comer tranquilamente como si fuese un picnic al lado de la autovía. Llegar a casa y tomar una última cerveza juntos antes de volver a la realidad. Brindar por nosotros.

Subir las cosas a casa, meter todo a la lavadora y dudar si meterte tú también. Una buena ducha para quitar los kilos de barro y polvo que llevas encima. Pijama limpio. Contar a los papás con ilusión la semana. Cenar lo que haya, pero algo de comida casera, por favor, que lo echo de menos. Meterte en la cama blandita y cómoda y en tu cabeza, seguir escuchando el ruido de la rave. Dormir 15 horas seguidas.

Y ese hubiese sido mi ViñaRock. Que aunque no haya podido ser este mayo, será en octubre, o el mayo que viene, porque la salida de hoy significa que estamos un poquito más cerca, porque en el quincuagésimo primer día de la cuarentena, hoy he dado el primer paseo.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.