Historias con Inicio “C”: Opresión

Ana Martínez

Octogésimo cuarto día de la cuarentena. Hoy, vengo a hablar un poco de la opresión.

Es un tema que, como estar soltera, últimamente está de moda (perdón por el chiste, echo de menos irme de fiesta), pero tonterías mías aparte, es suficientemente importante como para que le dediquemos todos unos minutos.

No os vengo a dar un sermón, porque, entre otras muchas cosas, yo sólo os puedo hablar de un tipo de opresión: el que he sentido como mujer. Pero tras mucho hablar con amigas y amigos de distintos colectivos que, por desgracia, sufren este tipo de violencia, os voy a intentar resumir cómo veo yo la opresión y cómo podemos actuar para vencerla.

En primer lugar, creo que una metáfora puede ser lo que más nos ayude, así que imaginaos una CocaCola. Una normal. La roja de toda la vida. Ahora, pensad que la CocaCola en sí es un tipo de opresión. El que haya bebido ese refresco a lo largo de su vida, sabrá cómo sabe, qué es lo que se siente al beberla. Lógico todo hasta aquí, ¿no? El problema viene cuando una persona que solo ha bebido un tipo de CocaCola, porque, por suerte, sólo pertenece a ese grupo de CocaColas, habla sobre cómo saben el resto de tipos de CocaColas que hay. Porque os recuerdo que no sólo está la normal. Tenemos la Light, la Zero, la sin cafeína, la Zero Zero… Incluso tenemos otros tipos de marca de refresco de Cola. ¿A que nadie en su sano juicio diría que habiendo bebido toda su vida CocaCola normal, o Zero, sabe perfectamente lo que se siente cuando se bebe una Pepsi?

Pues con la opresión es así. Por desgracia, a cada colectivo se le oprime de alguna forma distinta, lo que hace que por ser mujer, no tengas ni idea de cómo se siente de oprimido una persona racializada en su día a día. A no ser que seas mujer y estés racializada. Pero esta mujer racializada, no podrá hablar de cómo se siente la opresión a las personas trans, a no ser que sea una mujer trans racializada.

Sois gente inteligente, creo que sabéis por dónde va mi argumento.

Entonces, una vez queda claro que por pertenecer a un colectivo oprimido, yo NO SÉ cómo se pueden sentir el resto de colectivos que sufren opresión, tengo dos formas de ayudarles en su lucha (porque nunca os olvidéis de que todo esto es una lucha, no una fiesta con batukadas). La primera es apoyándoles en ella en silencio, sin hacer ruido, dejando que sean los protagonistas de su propio movimiento y apoyando moral y físicamente en las concentraciones y manifestaciones. Y la segunda es EDUCÁNDONOS. Hablando con ellos, escuchándoles, comprendiendo sus realidades y tratando de empatizar con ellas, y preguntando qué es lo que podemos hacer para seguir ayudando, que en muchas ocasiones, simplemente suele bastar con frenar aquellas actitudes del resto y propias que favorecen la opresión (insultos, motes, estereotipos y esas mierdas).

No sé si estaréis de acuerdo con lo que opino, pero sinceramente, me da bastante igual, porque tras ochenta y cuatro días de cuarentena, creo que seguimos sin saber nada sobre opresión.

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