Historias con Inicio “C”: Niños

Ana Martínez

Cuadragésimo octavo día de la cuarentena, empiezo a echar de menos cosas que antes me costaban bastante, como ir a entrenar con mis niños.

Creo que nunca os he hablado de ellos, pero son una parte importantísima de mi vida.

Dejadme empezar por el principio.

Con 10 años, me luxé el codo en verano, y después de un mes y medio con escayola, mis padres me convencieron para apuntarme a balonmano después del cole. Y qué queréis que os diga. El primer año fue un auténtico desastre. Le tenía miedo al balón, me apartaba cuando me la pasaban, no paraba de pisar el área… Un espectáculo bastante lamentable. Pero le cogí gusto, y al año siguiente mi hermano se apuntó conmigo, y a mi se me notó la mejora. El caso es que fueron pasando los años, y me encontré con 18 años, lesionada, a punto de pasar 6 años de mucho dolor sin saberlo, teniendo que dejar de jugar a mi deporte favorito.

¿Y qué hice? Pues como el que no sabe enseña, cogí un equipo de balonmano de colegio con mi mejor amiga. Además, acababa de empezar la carrera de Magisterio, así que sería una oportunidad maravillosa para aprender cosas. Lo del dinero, al ser una actividad que organizamos nosotras, pidiendo favores y gestionándolo nosotras mismas, pues ya casi que lo dejamos para otra entrada.

El caso es que han ido pasando los años, y sigo entrenando a los niños del colegio de Villagonzalo. Mi mejor amiga ya no está, pero me acompaña mi hermano, y este año, un niño de la primera promoción a la que entrené cuando acababa de entrar en la carrera, que ya de niño tiene poco, porque acaba de cumplir 17 años, se ha unido a nosotros para aprender cómo hacer las cosas y tomarnos el relevo cuando no podamos continuar. Y qué gusto de compañeros entrenadores tengo.

A lo que iba. Que entrenamos los viernes a las 16 y jugamos los sábados por la mañana, nunca más tarde de las 11, así que el tema de quedarme sin siesta y madrugar por la cara, qué queréis que os diga, me cuesta un poco. Sin embargo, es llegar al polideportivo, verles las caras, los saludos, el abrazo, y se me pasa el sueño y cualquier mal.

Este año estábamos a punto de terminar la liga segundos y jugar el sector provincial, pero esta pandemia ha cancelado todo, y lo más triste es que hay niños con los que llevo trabajando cuatro años que el curso que viene estarán en el instituto y ya no volveré a ver. Así que les echo de menos. Les echo muchísimo de menos.

Por suerte, el fin de semana antes de que todo esto comenzase, el fin de semana del 8M, en Roa hubo un torneo de balonmano, y pudimos estar juntos una última vez, sin saberlo. Jugar juntos, convivir, reírnos, merendar y disfrutar del deporte. Y ganar. Porque nos presentamos con tres categorías y ganamos con las tres. No es la despedida que me hubiese gustado tener con ellos, pero al menos, es algo.

Qué rabia y qué pena me da todo, porque en este cuadragésimo octavo día de la cuarentena, echo mucho de menos el balonmano, y echo mucho de menos a mis niños.

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