Historias con Inicio “C”: Maletas

Ana Martínez

Hoy es el vigésimo día de mi cuarentena y no debería estar escribiendo esto, debería estar haciendo las maletas.

Yo mañana debería subirme a un avión y volar hasta mi lugar favorito del universo. El único sitio donde soy capaz de poner mi mente en blanco y disfrutar olvidándome de todo lo que pasa en el mundo. Debería estar discutiendo con mi padre, que es el que me iba a acompañar, sobre si meter dos o tres sudaderas. Pero aquí estamos. Yo escribiendo esto, y el descansando después de una intensa jornada en el hospital.

Os podría contar que bueno, que estoy aceptando la situación con estoicismo, que entiendo el problema y la solución impuesta, que no debo quejarme porque hay gente muriendo mientras en mi familia, de momento, nadie lo está pasando mal, pero qué queréis que os diga. Me revienta muchísimo no poder ir.

Por supuesto que comprendo lo que pasa, que lo veo lógico y razonable, y que hay gente mucho peor que yo, pero eso no reduce mi frustración y mi rabia, porque realmente tenía unas ganas horribles de ir. Ya no sólo por el sol y la playa, sino como algo terapéutico. Os cuento.

El sitio en cuestión no es otro que una hacienda en la localidad de Los Cancajos, en la isla de La Palma. Un sitio en el que he estado veraneando 18 de mis 23 veranos. Es un reducto de sol, playas de arena negra, animales y vegetación. Es un reducto de silencio, de paz, de calma y de estrellas por las noches. Sobre todo eso, estrellas.Estrellas que se ven perfectamente cuando das una vuelta de noche por su paseo marítimo, reconociendo cada constelación mientras el ruido del mar contra la roca te calma.

Y es mi sitio favorito sobre la faz de la tierra.

Allí, me siento bien, me siento libre, mi cabeza deja de darle vueltas a mil cosas y simplemente me dedico a leer, tomar el sol, jugar con las olas, hacer ejercicio y aprender constelaciones nuevas con mi padre. Allí, consigo que todos los problemas que tengo se queden en Burgos, porque en La Palma, en la Hacienda, soy yo y nada más. Yo sin mi ansiedad, sin mi estrés, sin mis inseguridades. Soy yo y quien me acompañe, que en este caso, iba a ser mi padre. Ese que ahora, cada mañana, se va al hospital a tratar de que no caiga enfermo todo el personal sanitario y no sanitario de los centros de salud, hospitales y demás sitios de la provincia, y que vuelve cansado físicamente, y hecho polvo mentalmente, porque muere más gente de la que debería y nadie sabe por qué.

Es frustrante, es desesperante y soy consciente de que este viaje tendrá que esperar, aunque ya lo lleve haciendo casi tres años. Y no os confundáis, no solo es el hecho de no poder ir, también es el hecho de que este sea el motivo por el que no puedo ir.

En fin. Que estos días os iré contando qué estaría haciendo cada día de mis vacaciones no vacaciones. Quizá no me ayude en nada, o quizá sea una pequeña forma de viajar, no lo sé. Lo único que tengo claro es que hoy es mi vigésimo día de cuarentena, y yo debería estar haciendo las maletas.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.