Historias con Inicio “C”: Enamorar

Ana Martínez

Sexagésimo día de la cuarentena. Hoy me he vuelto a enamorar.

Perdonad que me ponga sensiblera, pero es que anoche me pasó una cosa maravillosa. Y es que me enamoré de nuevo.

Yo ya había estado enamorada, y de hecho, creo que lo estoy, pero siempre me había enamorado de otras personas. Nunca había sentido eso de lo que tantos hablan. Lo de enamorarse de uno mismo, digo.

Me pasó de una forma un poco extraña, porque eran las dos de la mañana, me estaba mirando en el espejo una mancha que tenía en la camiseta del pijama y mi cerebro estaba razonando que igual ya era hora de echarlo a lavar y cambiar de ropa para estar en casa, cuando sucedió. Me miré, sonreí y de pronto sentí un escalofrío. Me abracé y me vi por primera vez en meses. Creo que es la primera vez durante la cuarentena en la que me veo de verdad. Habitualmente me miro en el espejo, pero lo hago por partes, es decir, veo una cosa concreta, como mi Calvi, pero no veo el global. Y ayer por fin lo vi.

Y qué queréis que os diga. Lloré. Lloré mucho por todo el daño que a lo largo de estos años me he ido haciendo, física y mentalmente. Lloré porque me sentía feliz, y porque estaba siendo feliz yo sola, sin depender de nadie, por primera vez en muchos años. Lloré porque no sabía muy bien por qué me estaba sintiendo así, y el miedo a no volver a hacerlo se agazapaba ahí, escondido, pequeñito, en algún lugar de mi cabeza. Y lloré porque supe que, de alguna forma, aunque fuese mínima, algo había cambiado.

Así que ayer me enamoré por primera vez, y fui consciente de que, pasen los años que pasen, con recaídas y malas rachas, una vez que te enamoras de ti mismo, la sonrisa con la que miras tu reflejo es más amable, es más benévola, es más de abuela que te quiere y que te perdonaría absolutamente todo, porque es eso, tu abuela.

Quizá todo esto sea solo un espejismo, quizá sólo sean las hormonas, o las ganas de sentir. Porque con esto de la cuarentena, sentir, al menos, cosas positivas, ha pasado a un segundo plano preocupante, que nos ha demostrado que atamos nuestra felicidad a demasiadas personas, cuando sólo debería estar atada a nosotros mismos, lo que no quita que seamos felices cuando quienes queremos lo son.

Quizá todo esto pase y nunca me vuelva a sentir así, pero independientemente de eso, por una vez en mi vida me habré sentido así. Feliz. Independiente. Querida. Amada. Y habré sentido que soy merecedora de todo el cariño y el amor que, por suerte, mi familia, mi pareja y mis amigos me demuestran día a día.

Yo no sé qué pasará cuando volvamos a la normalidad y el juzgar al resto vuelva a ser nuestra primera materia. No sé qué pasará cuando vuelva a sentir que se clavan en mi mil ojos que me critican y me hacen de menos. Pero de lo que estoy segurísima es que, al menos por una vez en mi vida, en este sexagésimo día de la cuarentena, me habré vuelto a enamorar.

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