Historias con Inicio “C”: Desaparecida

Ana Martínez

Octogésimo séptimo día de la cuarentena. Lo sé, sé que por primera vez en casi tres meses, ayer fallé, pero tengo una buena razón para haber estado desaparecida.

En realidad, es sencillo de contar y se resume en que tuve uno de los mejores días de mi vida. Así de fácil.

Y la verdad es que no fue absolutamente nada especial en sí. No tuve un viaje chulísimo a algún sitio, no me reencontré con nadie ni conocí a nadie nuevo. No me compraron nada que llevase queriendo mucho tiempo, ni conseguí lograr algún objetivo vital.

El día empezó normal. Siguió normal y a eso de las ocho de la tarde, me subí al hospital porque me tocaba hacer noche con mi abuelo. Y fue ahí donde sucedió la magia. En la habitación 521 del bloque B del Hospital Universitario de Burgos.

El poder pasar una noche con él, también significó que mi abuelo me hiciese un regalo maravilloso, porque decidió confiar en mi, y solo en mi, para desahogarse y contarme todos sus miedos, todas las cosas de las que se arrepiente en la vida y por las que ya no puede pedir perdón. Y que alguien como él llegase a ese punto de intimidad y confianza conmigo, es algo que nunca me hubiese esperado y que agradezco con todo mi alma, porque, conociéndole, es la forma más honesta y más sincera de decirme que me quiere y que sabe que estoy para cualquier cosa que necesite.

Así que tras ochenta y siete días de cuarentena, ayer, en el día ochenta y seis, por primera vez, os fallé. Y menos mal, porque me estaba sucediendo una cosa maravillosa que recordaré con infinito cariño el resto de mi vida, así que lo siento por vosotros, pero yo no me puedo alegrar más de haber estado desaparecida.

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