Historias con Inicio “C”: Cosas

Ana Martínez

Cuadragésimo quinto día de la cuarentena, hoy tengo la sensación de que se me están acumulando cosas.

Creo que procrastinación va a ser mi segundo nombre, y es que, aunque me pase todo el día haciendo cosas, no hago más que posponer algunas porque en mi cerebro suena una vocecita que dice “total, si tienes tiempo de hacerlo, no te preocupes, mujer, que ya lo harás, mejor túmbate en el sofá”. Y curiosamente, le hago caso a ese pepito grillo de mi cabeza.

El problema es que soy muy pero que muy consciente de que son cosas ineludibles, y que para cuando tenga que hacerlas todas, tendré tantas acumuladas que es posible que pase un par de noches en vela, pero… Es que es pensar en echarme una siesta larga en la cama, viendo una peli a las ocho de la tarde, me pone una sonrisa en la cara que va de oreja a oreja.

Y sí, he dicho a las ocho porque yo ya no salgo a aplaudir. Por varios motivos. El primero, porque creo que los aplausos son iniciativas que empezaron con muy buen corazón, con el objetivo de animarnos entre nosotros y también de mostrar apoyo a quienes se han jugado la vida y se la siguen jugando todos los días para que no nos muramos, para que comamos, para que la basura no inunde las calles, para esas cosas invisibles que en nuestro día a día, apenas prestábamos atención. Pero ya pasados estos días, me da a mi más la sensación de que se ha vuelto una herramienta de control, de ver quién aplaude más y mejor, de ser hipócritas porque mientras homenajeo a los sanitarios, tengo una bandera de España con el logo del partido verde moco colgada en mi balcón, y qué queréis que os diga, prefiero no compartir nada con ese tipo de gente. Seré yo, que soy algo radical.

Y el otro motivo por el cual no aplaudo es porque yo ya tengo a un sanitario en casa, y el mejor homenaje que puedo hacerle es cuidarle todos los días, aunque discutamos de vez en cuando. Eso, y hacerles postres todas las semanas a sus compañeras de planta para que, en los poquitos ratos que tienen, puedan comer algo rico y reponer fuerzas, que seguro les hace mucha falta.

El caso, que me estoy desviando, es que se me empieza a hacer muy larga la lista de bailes, canciones, trabajos y cosas que hacer, y curiosamente, cuanto más larga es, más pereza me da empezarla, así que creo que voy a hacer la táctica de siempre, esa con la que me saqué la carrera, el bachillerato, la eso y básicamente cada uno de los estudios que he hecho a lo largo de mi vida: lo dejaré todo para el último segundo.

Espero que después de cuarenta y cinco días, vosotros estéis igual que yo, o al menos parecidos, en eso de ir dejando que se os acumulen las cosas.

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