Historias con Inicio “C”: Calva

Ana Martínez

Es el día cuadragésimo primero de la cuarentena y me ha salido una calva.

No es coña. Me ha salido una calva. En la cabeza.

Lo descubrí el otro día cuando me tuve que grabar un vídeo bailando para la orquesta. Estaba con una coleta mal hecha porque para estar en casa estoy infinitamente más cómoda, y se me cae menos el pelo. Porque yo ya era consciente de que se me caída el pelo, pero no me esperaba este desenlace dramático de caída localizada.

El caso, que cuando revisé el vídeo lo vi. Ahí estaba. Un cacho blanco, con apenas cuatro pelos cortos que parece que están haciendo un looping, justo encima de la sien derecha.

Pasé varias fases cuando lo descubrí. Primero, pensé que había sido un espejismo, que era por la coleta, que estaría mal repartido el pelo, así que fui a peinarme. Descubrí que no. Que realmente había un problema.

Luego me preocupé. ¿Qué narices está pasando? ¿Por qué esto, ahora, sin ningún sentido, cuando no creo que esté más estresada que habitualmente?

Después pasé a reírme. Sinceramente, es la típica cosa que únicamente me puede pasar a mi. Es decir, si estás en un festival, yo tengo todas las papeletas para terminar en urgencias (ya ha pasado). Si estamos de fiesta, yo me voy a caer con algún bordillo (ha sucedido), o me tropezaré con algo y tiraré la cerveza (también me ha pasado). Es posible que caminando, me empiecen a salir unas ampollas en los pies que casi no me dejen andar, o que haciendo ejercicio en casa, me haga un esguince en el tobillo (si, me ha pasado). Si hay hielo en la calle, me caeré (efectivamente, me caí el 31 de diciembre), y si alguien se va a cortar con el pela-patatas o a quemarse con el horno, seguro que seré yo (ayer me pasó). Es decir, que mi vida es un constante equilibrio entre lo torpe que soy y la suerte que tengo de no haberme muerto aún, así que oye, por una calva, tampoco se acaba el mundo.

Por último y como fase final, llegué a la de resignación. A ver, el lado positivo de todo esto, es que si me quedo calva, podré comprarme una de esas pelucas chulísimas y cambiar de color de pelo de un día para otro sin gastarme tropecientos euros en la peluquería. Está claro que si eres como yo, o buscas el lado bueno a las cosas o simplemente mejor no salgas de la cama.

Cuando asumí todo esto, se lo conté a mi mejor amigo, que no supo muy bien si preocuparse o reírse de mi, así que con buen criterio, decidió hacer ambas. Mis padres, por su parte, no se lo tomaron tan a risa. Creen que tiene que haber algún problema nutricional, y teniendo en cuenta cómo tengo el estómago, es posible.

El resultado es que ahora, en este cuadragésimo primer día de la cuarentena, estoy tomando unas pastillas para la pérdida de pelo y unos suplementos nutricionales por si las moscas, porque resulta que me estoy quedando calva.

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