Historias con Inicio “C”: Blanco

Ana Martínez

Es el decimotercer día de la cuarentena, y hoy estoy completamente en blanco.

Supongo que esto les pasa a todos los escritores a lo largo de su vida, a lo largo de cada libro, y por supuesto, yo no voy a ser menos.

Quizá sea que ya me he aclimatado a la rutina de la cuarentena y nada me parece que esté fuera de lo normal, o que simplemente nada de lo que hago ya me parece interesante.

El día ha sido normal, he bajado a comprar, he hecho cuatro o cinco colas en menos de una hora, he subido a casa y poco más. Posiblemente lo más interesante sea que estoy haciendo un puzle y no consigo montar el marco. Es decir, me sobran dos piezas, que no sé dónde narices van, y tengo tres huecos que llenar. No sé si mi madre me compró un puzle o un mueble de Ikea, pero vaya, que ahí estoy, hora tras hora, revisando piezas a ver si encuentro el fallo, y no hay forma.

Sigo echando de menos a Mos, que supongo que seguirá volando por encima de los edificios… O estará muerta, vaya, y hoy por fin he vuelto a ver a la señora de la residencia de enfrente. Estaba bastante preocupada por ella, porque anoche leí la noticia de que dos personas han muerto allí esta semana, pero por suerte, no ha sido ella. Cuando volvía de comprar la he visto, asomada a su ventana como siempre, me ha mirado, me ha sonreído y yo la he saludado con la mano. Me he parado un momento a hablar con ella y me ha dicho que está bien, aburrida, pero bien. Que quiere ver pronto a sus nietos y que el mejor momento del día es cuando les dejan dar un paseo por la terraza, y cuando me ve hacer ejercicio, que se lo pasa muy bien y que tengo un pelo muy bonito. Realmente, esa mujer me alegra los días.

En fin, que lo que os contaba, que hoy es el decimotercer día de la cuarentena, y estoy completamente en blanco.

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