Historias con Inicio “C”: Azul

Ana Martínez

Hoy es el vigésimo quinto día de esta cuarentena, y después de dos días de tormenta y lluvia, por fin, el cielo está azul.

El día ha amanecido nublado. Daba la sensación de que iba a ser otro día más, como el de ayer, como el de antes de ayer, como el de hace una semana. Pero después de llover un rato, la temperatura ha cambiado, el cielo se ha despejado, y se ha quedado un precioso día para ir al río, a la playa, a dar un paseo por la montaña o simplemente, a tomar una cerveza con unas buenas patatas bravas en la terraza de tu bar favorito… Oh. Mierda. Espera.

Sí. Que ya lo sé. Que no se puede salir de casa. Que para qué dices nada, pedazo de bocas, que ahora nos apetece más a todos hacer todas esas cosas. Pues qué queréis que os diga. Os fastidiáis, porque yo estoy igual, así que a compartir las ganas de volver a la normalidad.

Creo que hoy me he levantado con ganas de tocar las narices.

Por lo demás, el día ha sido normalito, como todos. Fantaseando qué haría hoy si hubiese cogido el avión. Posiblemente, y teniendo en cuenta los días que me quedan de viaje, mi padre y yo hubiésemos alquilado un coche y hubiésemos hecho alguna ruta de esas que siempre hemos querido hacer, pero que por a o por b, nunca hemos hecho. Quizá la de la Caldera de Taburiente. Luego, llegar al hotel después de haber comido unos bocatas en medio de la nada, perdidos entre la vegetación, ponerse el bañador y aprovechar los últimos rayos de sol relajante. Ducha. Cena en el Lagar, unas buenas croquetas. Paseo. Mojito. Dormir.

En fin, supongo que me conformaré con desayunar apoyada en la ventana.

Y hablando de ventanas, hoy la señora de enfrente aún no se ha asomado. Dudo que lo haga, y me preocupa, otra vez, porque hoy hace un día maravilloso para leer desde el alféizar. Mañana probaré suerte otra vez.

La luz va desapareciendo poco a poco, aunque cada día dure más, y no puedo evitar acordarme de Mos. Igual os pensabais que ya la había olvidado, que había pasado página, que total, era una mosca. Pero no. Sigo pensando en ella. Sigo pensando en cómo me ayudó a llevar la peor semana del confinamiento, que sin duda fue la primera.

A Mos le hubiese encantado este clima. Este calorcito que hace en el vigésimo quinto día de la cuarentena, en el que después de dos días de tormenta y lluvia, por fin, el cielo está azul.

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