Historias con Inicio “C”: Avión

Ana Martínez

Hoy es el vigésimo primer día de la cuarentena, y como os conté ayer, yo debería haber cogido un avión.

El día hubiese sido muy sencillo. Me hubiese levantado a eso de las 8 de la mañana, ya con las maletas hechas. Un vaso de leche y al coche, que hay dos horas de viaje hasta Madrid. Buena música por el camino. Mi padre conduce y yo me encargo de que el rock no pare de sonar, intercalando con algún clasicazo de los buenos para cantarlos a pulmón los dos. Llegada a Barajas, dejar el coche, hacer el chek-in del avión, pasar el control de seguridad y a redesayunar en alguna cafetería haciendo tiempo. Embarque, nervios en el despegue, chicle para destaponar los oídos, y a hacer sudokus o crucigramas entre los dos.

Aterrizar dos horas después y que la humedad te golpee en la cara como un puñetazo. El sol justo detrás de ti y el mar enfrente. Son las 12 y media de la mañana en La Palma y empieza mi semana de vacaciones.

En la maleta, más libros que ropa. Más bañadores que sudaderas. Coger un taxi dirección al hotel, subir las cosas a la habitación. Bajar al Spar a hacer la compra básica, leche, cuatro patatas fritas, cerveza, cocacola, vino, una botella de ginebra y otra de vodka, refrescos. Pasar de vuelta por los cubos de basura, conteniendo la respiración, que con el calor huelen horrible. Organizar la ropa en el armario, repartirnos las camas y bajar a comer. Siesta de media hora, gimnasio y playa. Esperar a que se vayan los socorristas y echar unas palas. Subir, ducha y a cenar. Dar un paseo viendo las estrellas en la costa, escuchar las olas romper contra la costa. Mojito. Un rato de leer en la terraza y a dormir.

Y así durante una semana. Así, feliz. Sin más complicaciones, sin más cosas raras, sin comerme la cabeza con nada ni con nadie. Leche con colacao por las mañanas, una napolitana de chocolate, y por las noches un mojito o un gintonic. Muchos libros. Mucho sol. Muchas estrellas. Mucha calma.

Pero no. Hoy no he cogido ningún avión, no he estado echando unas palas, ni he redesayunado en el aeropuerto. No he contenido la respiración en los cubos de basura ni he tomado el sol en la arena.

Pero sí he hecho ejercicio desde mi casa, sí he desayunado un colacao y me he tomado una cerveza mientras cantaba con mi padre a todo pulmón desde la ventana los clasicazos que mi vecino pone todas las noches. He leído. He organizado la ropa de mi armario, me he echado una siesta y aunque no escuche romper las olas contra la costa, me tomaré un mojito desde la ventana, escuchando el silencio de esta cuarentena, mirando las estrellas. Leeré un rato y a dormir.

Porque aunque hoy sea el vigésimo primer día de la cuarentena y hay muchas cosas que sí he podido hacer, lo que no he conseguido ha sido coger ese maldito avión.

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