Historias con Inicio “C”: Apática

Ana Martínez

Octogésimo quinto día de la cuarentena. Creo que se ha notado, pero esta semana he estado completamente apática.

No ha sido depresión, no ha sido cansancio, ni enfermedad, ni nada por el estilo. Simplemente, he tenido la sensación de que la bola se ha hecho demasiado grande, poco a poco, y esta semana ha pesado demasiado como para llevarla sobre mis hombros sin más, así que simplemente, me he dedicado a dejarla a mi lado en el sofá mientras veía el tiempo pasar.

Sí. Lo sé. No es la mejor de las estrategias, pero tengo justificación y creo que, después de todo lo que me está pasando este año, y en especial esta semana, me merecía cinco días de no querer ni siquiera respirar.

Por suerte, tengo la sensación de que ya ha pasado.

En realidad, me he levantado exactamente igual que estos últimos cinco días, pero hoy he hecho algo que no he había hecho aún esta semana. Me he obligado a hacer media hora de ejercicio. Porque sí que he salido todos los días a caminar una hora, eso es cierto, pero lo hacía más como forma de desahogo y evasión que como mero ejercicio en sí, así que hoy ha sido el día en el que he pensado: “Ana. Mueve tu puto culo del sofá ya y ponte a hacer algo. Suave y corto, si quieres, me da igual, pero algo. No podemos seguir así”.

Y fijaos por donde, yo misma tenía razón.

Acabo de terminar, y me siento maravillosamente renovada.

A ver. Sigo triste y dolida. Sigo cansada y agotada de llevar tantas cosas a cuestas. Pero al menos, ahora, no me apetece pegarme un tiro. Y parecerá una tontería, pero para mi es un grandísimo avance.

Y lo más interesante de todo es que, por primera vez en mi vida, me he permitido a mi misma estar apática. Estar sin ganas de nada. Sin culparme y haciendo lo justo para mantener las funciones vitales básicas. Porque de vez en cuando, todos nos merecemos estar así. Y también es muy interesante el hecho de que, tras unos días siendo benevolente conmigo misma, he vuelto a ser yo quien ha dicho que hasta aquí podíamos llegar, que la vida sigue y nosotras tenemos que seguir con ella, nos guste o no.

Lo sé, estoy hablando de mi misma como si fuese más de una. Pero es que lo siento así. Siento que hay una original, la auténtica, la que se comería un tarro de Nutella y cinco hamburguesas y vería la tele todo el día, y la responsable, la que hace que me despierte a las 10 de la mañana en vez de a las 14, la que me obliga a hacer ejercicio y a comer sano, a cuidarme. Y es la primera vez que esa conciencia me deja estar apática sin reprochármelo.

Así que supongo que después de ochenta y cinco días de cuarentena, he aprendido de mi misma que no pasa nada, que hay que ser benevolentes con nosotros mismos, y que si tienes unos días malos, no pasa nada por estar apática.

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