Este caminante prefiere el mar

Ana Cuesta

Caminos,
todos hablamos de caminos, destinos o metas.
Pero que alguien me explique por favor dónde coño se señalan,
porque hace unos años que busco el mío y no hago más que entrar en un laberinto de dudas y límites.
Hay días que fumo para relajarme,
otros por pura necesidad, sé que es malo pero lo sigo haciendo,
supongo que por la misma razón sueño,
aunque quepa la posibilidad de que aquello que es maravilloso se convierta en la más puta de las pesadillas.
Luna y sol,
yin y yang,
fallar y follar,
y con tanto analfabeto el cambiar de palabras o letras no tiene ningún valor ahora mismo.
Hemos basado el mundo
en fuego
aire
tierra
y alcohol,
perdónanos Empédocles,
tu teoría quedó marchita la primera vez que Jack se corrió en mi boca,
y que necesario es a veces.
Veces,
y la primera de ellas es la liga de tus piernas,
balón de oro
y la copa del rey,
la contamos una y mil veces
-sarcásticamente hablando-
y la vomitamos como si fuese la última.
La adornamos con flores para que no se note lo capullo que fue él,
y lo estúpida que fuiste tú-
La metemos en una caja de regalo,
con un lazo y un candado de lo decente y recatado,
de lo mesurado,
territorio virgen.
Y cuando pasa,
te das cuenta que has estado contando ovejas, dudas y tabúes,
cruzando dedos, pestañas y piernas,
que quitabas la mirada al de en frente
y te ponías esa falda que te cubría la vergüenza porque no sabías que hacer,
que tomabas las copas despacio,
caducando la adrenalina,
que cerrabas la boca cada vez que volaba un beso.
Y que pedazo de gilipollas fuiste porque todo acaba pasando ya lo dijo Sabina,
da igual si esperas algo en la parada del bus, contando los minutos que faltan para que llegué el siguiente, porque siempre se retrasan los trenes cuando más necesitas salir.
Da igual que te escondas en la boca del lobo,
debajo del fondo,
o en la mejor de las canciones.
Que sí,
que todo pasa,
y nos han acostumbrado a medir con pies, palmos y puntillas cada palabra, acto o mirada,
que ya está bien,
de ilusiones,
sueños empotrados
y metas dobladas,
ya basta,
de ladrones con corbata,
políticos marioneta
y prejuicios de bolsillo,
que ya vale
de princesas,
príncipes
y sapos,
que hemos nacido para vivir,
y yo quiero acabar confesando que he vivido como hizo Neruda, que he apostado cada minuto de mi vida en salir del bache,
de la crisis,
o de lo que se me ponga por delante.
Estoy harta de caminos, destinos y metas.
Harta de buscar salidas, precipicios y ventanas.
Voy a vivir, ya
os voy avisando.
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