El faro: un viaje a la locura de la mano de Robert Eggers

Manuel Sastre Sánchez

Alejándome con temor y aburrimiento del blockbuster, consigo convencer a mis amigos de ver esta obra de autor. En blanco y negro, cuatro tercios y formato analógico, nos aventuramos a ver un cine menos comercial pero no por ello menos interesante. No dejéis de hacerlo; el formato no le hace perder ni una pizca de espectacularidad visual. Por el contrario, la maravillosa y mordaz fotografía de Blaschke hace de este filme un genuino placer para la vista. El director prescinde de los artificios, pero no por ello la época y la atmósfera están menos logradas.

El argumento es reminiscente de los cuentos de terror del XIX, del romanticismo y de las viejas historias de marineros. En los Estados Unidos de la década de 1890 Willem DaFoe y Robert Pattinson interpretan a dos fareros, que deberán cooperar en una isla en medio de la nada. Cuidan del faro a pesar de su tortuosa relación, pero cuando el relevo que debe devolverles a tierra, la desesperación se apodera de ellos.

La bruja nos prometía una revisión del terror y de la fantasía, tan trillada en el mundo del cine y, con El faro, el director logra dignificar géneros tan denostados. En su nueva película, Eggers no decepciona y nos lleva por caminos confusos hacia un retrato íntimo de la locura. La bella y perturbadora poesía se hace presente tanto en la imagen como en los diálogos, tan literarios como impactantes. La dirección es precisa, impactante y emotiva. El montaje, vibrante y moderno.

Es una pena que no hayamos podido disfrutarla en todos los cines del país. Muchas ciudades se han quedado sin disfrutar de esta película en la gran pantalla, pero si tenéis oportunidad, no dejéis de ir a verla. Siempre es estimulante abrirse a nuevos caminos dentro del séptimo arte y recordar que no todo el cine se hace de la misma manera y que no hace falta recurrir a la red o a las cajas cubiertas de polvo de alguno de los pocos videoclubs que quedan para acceder a películas que reten nuestras convicciones y nuestros estereotipos cinematográficos.

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