Brexit, la frontera del Norte

Miguel Fernández.

El próximo 29 de marzo de 2019 se producirá la salida definitiva de Reino Unido de la Unión Europea, en la que ingresó en 1973, junto con Dinamarca y la República de Irlanda. Y el final de esa unión ha traído a la escena norirlandesa viejos fantasmas y ha abierto una serie de interrogantes.

El proceso de salida, popularmente conocido como Brexit (por la unión de Britain y Exit), tuvo su punto de arranque el día 23 de junio de 2016, con la celebración de un referéndum. Los resultados de este mostraron una victoria muy ajustada de los partidarios del Brexit, una victoria centrada en Inglaterra y Gales, mientras que los resultados favorables a la permanencia en la Unión Europea se encontraron en Escocia e Irlanda del Norte. Y justamente es la situación de Irlanda del Norte la cuestión más importante, pues el Brexit supondrá la vuelta a la vieja frontera física, política, social y emocional que estuvo vigente en Irlanda durante buena parte del pasado siglo.

Sin duda, uno de los más complicados problemas que puede surgir a la hora de hablar de las consecuencias del Brexit, es el final del statu quo​ que permitió, en 1998, la firma del Acuerdo de Viernes Santo, que puso final a la violencia en la región. Es muy importante este acuerdo porque su persistencia reside en el hecho de que fue el único instrumento que pudo poner fin a décadas de sangre y sufrimiento, permitiendo el desarrollo en el norte de Irlanda. Y a la luz de los acontecimientos, en los últimos meses, algunos de los líderes que ayudaron a la consecución del Acuerdo y la paz, han clamado contra el Brexit, por la profunda ruptura, del orden actual, que supondría, como demuestran las declaraciones de Tony Blair o del líder nacionalista, Gerry Adams.

El Brexit no supone un alejamiento de las Islas Británicas de Europa, sino que realmente supone el desgarramiento de una de las Islas, con el resurgimiento de una de las más duras fronteras que han existido en Europa. Una frontera creada en 1921, tras la partición, que provocó, no solamente la división de una isla, sino que supuso la separación de muchas familias y comunidades, que vieron como sus relaciones eran frenadas por una frontera. Por ello, no debemos pensar en los problemas políticos del Brexit, sino en los múltiples problemas, a nivel emocional y social, que van a surgir. Todo ello sin olvidar que, como hemos mencionado anteriormente que la mayor parte de población norirlandesa votó a favor de la permanencia en la Unión Europea.

¿Es el Brexit el fin del statu quo en Irlanda?, ¿Supondrá el fin del Acuerdo de Viernes Santo y la vuelta a la difícil situación anterior? o ¿Está en peligro la paz y estabilidad en Irlanda del Norte? Son preguntas que sin duda, solo podrán hallar su respuesta a partir del 29 de marzo del próximo año, cuando regrese la frontera del Norte.

 

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