Clásicos cinematográficos: Frankenstein (1931)

Daniel Antonio Rodríguez dos Santos

No soy muy buen lector, pero esta adaptación audiovisual de la obra de Mary Shelley es increíble. Muchos aún piensan que por ver una película clásica se tiene uno que aburrir porque no incluya la última vanguardia en tecnología cinematográfica.

Les puedo afirmar que todos ellos se equivocan. 

Esta película dirigida por James Whale me ha llenado los ojos de emoción para continuar esta travesía por el cine clásico en la que estoy embarcado. La interpretación de Colin Clive como el doctor Henry Frankenstein me ha sorprendido gratamente. Pensarán que el nombre del doctor es Victor y no Henry, pero les recuerdo que estamos hablando de una adaptación de una adaptación. Es decir, esta obra fue la adaptación de la obra teatral realizada por Peggy Webling, que a su vez adaptó la obra de Shelley.

Todos conocemos al monstruo que, próximamente, veremos por las calles de nuestra ciudad en la noche de Halloween, solo que en este film se nos muestra de forma menos agradable: un ser viviente formado por partes de varios cadáveres. Por lo que ya les advierto que no es una película para toda la familia como Hotel Transylvania.

La película, pese a sus 67 minutos de duración, posee una capacidad de síntesis que a día de hoy, es totalmente impensable para un largometraje. Consigue narrar no solo con el habla, sino con lo visual. No me quiero meter en el fangoso terreno de los spoilers, pues mi única intención es hablarles sobre mi humilde opinión de esta obra audiovisual. Lo que sí les comento es que se puede sacar una interesante reflexión sobre el monstruo de Frankenstein. Dicha frase la comentaré al final de la reseña del próximo lunes. Así les doy una oportunidad de que puedan disfrutar de este increíble film. Créanme que no defrauda. Palabra de cinéfilo.

Hasta aquí mi breve reseña de esta película. Espero leer sus comentarios y opiniones. Nos vemos pronto con la siguiente review clásica. Hasta pronto.

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