Y la vida siguió…

Ana Cuesta

Tengo a Morfeo coloreándome las pestañas
a Apolo colgándome la ropa y Platero a veces me lleva a caballito.
Con lo fácil que es dejarse vivir y cuantas veces deseamos lo contrario.
Suele ser siempre en exámenes cuando más necesito abrir la ventana y abrazar a mi madre.
Supongo que muchas veces es la falta de costumbre al silencio,
a concentrarme,
a fijar los ojos en algo.
Tengo a mi música quejándose por la falta que me hace en la habitación,
a mi siete vidas lloriqueando en el salón para que le de mimos
y es que cuando eres el peluche de alguien se hace complicado el tener que tapate tú sola.
Hemos vuelto al mismo error,
al de creer que en una semana aprenderemos a conjugarnos,
hemos metido el acelerador hasta el fondo cuando la curva está a menos de 200 metros
a martes 13 y joder,
también seguimos creyendo que hay días asignados a números que pueden partirnos la cara con solo cederle el paso al sol.
Hablamos de cambios
y nos quedamos apalancados en el sofá
porque a veces el progreso no trae mejoras,
así que volvemos a la cobardía del cojín en la tripa
y los dedos pequeños de los pies sin rozar el suelo.
Entonces es cuando aparece tu padre cargado con vídeos de hace años,
te ves con tu primer chupete,
-que no tardarás en aborrecer-
con tus ángeles pero en tierra,
con una falda escolar a cuadros que perfectamente valdrá a tu hermana
y te das cuenta de lo rápido que pasa el tiempo,
de como vuela la arena de los relojes,
de que parecía ayer cuando me fumaba este cigarrillo con mi tía en la terraza de un bar
y os solo hablo con las nubes para que la abracen las piedras de su whisky
Caes en la cuenta,
bueno,
más bien te arrastran los recuerdos a ella de que no merece la pena quejarse,
ni subordinarse a la rutina,
ni creer en el mañana,
porque siempre puede haber un lobo feroz que se coma a Caperucita y no dejarnos dormir.
Hay que vivir y dejarse de gilipolleces,
de momentos amargos,
de darle rienda suelta al pasado,
porque es un establo que ya no se debe abrir,
solo para cuidar las raices y regar los nuevos brotes con las gotas del diluvio.

Frida Kahlo ya lo decía ‘Pies para que os quiero si puedo volar’…
Mañana para que te necesito si puedo vivir hoy.

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