Tu perro no es perfecto

Juanra del Campo.

Son numerosas las ocasiones en las que alguien me comenta que está pensando en hacer de su mascota un perro de terapia. Me aseguran que su amigo es buenísimo y que le encantan las personas. Y yo siempre respondo; “puede ser…” y buscó algún lugar donde esconderme. Es ese momento en el que a los dueños de perros nos da por exaltar las cualidades y bondades de nuestro compañero, por supuesto omitiendo todas aquellas veces que se han tenido ganas de estrangularle.

Son perros perfectos.

Ni mucho menos el mero hecho de que un perro sea sociable con los humanos lo convierte en un perro ideal de terapia. Son demasiados los factores que se han de tener en cuenta para determinar si un perro es apto para un trabajo. Por supuesto, las cualidades que se le precisan a un perro de terapia no son las mismas que para uno que ejerza labores policiales o de rescate, de asistencia a personas con diversidad funcional, de pastoreo, de guarda, etc.

De esta manera, cualquier animal al que se desee integrar en un proceso de trabajo, ha de ser seleccionado. Por lo tanto, no todos los perros valen para determinadas funciones. De hecho cualquier ejemplar con niveles elevados de inseguridad o incluso con tendencia a conductas agresivas será lógicamente descartado para casi cualquier tipo de labor.

Desde mi humilde experiencia, no creo que exista el perro perfecto, al igual que no existe la persona perfecta. Por muy bueno que sea el perro, siempre habrá algún factor en el cojee un poco y no por eso no quiere decir que no pueda ser un gran cooterapeuta. Aunque si significa, que el guía tendrá que esforzarse un poco más en aquellas áreas que se deban mejorar.

En cualquier caso, existen varios requisitos que deben darse como mínimo para que un perro pueda ejercer dentro de un programa de intervenciones asistidas:

Sociabilidad: Con personas y otros animales. Es evidente que si el perro no se deja tocar poco nos puede ofrecer.

Ausencia de conductas agresivas: También bastante obvio. La agresión no debe estar incluida en el repertorio de conductas a las que recurrir. Son preferibles las conductas evasivas o de sumisión en caso de percibir alguna situación de peligro.

Niveles de sensibilidades adecuado: Para cada función existe un nivel óptimo de sensibilidades. Nos referimos a la sensibilidad auditiva, corporal, olfativa, visual y mental de cada perro. Por ejemplo; en un perro destinado a la detección de drogas o explosivos se buscarán ejemplares con sensibilidades olfativas elevadas. En el caso de un perro de terapia se precisarán niveles de sensibilidades equilibradas y se prestará especial atención a la sensibilidad mental, que nos aproximará a conocer la capacidad de recuperación o de vuelta a la normalidad que tiene nuestro amigo tras experimentar diferentes situaciones.

Este he de admitir que es uno de los puntos fuertes de mis ayudantes. Que aunque no son perfectos, yo los considero muy buenos en su profesión. Son capaces de subirse encima de alguien para lamerle la cara segundos después de haber recibido un cachavazo o un correctivo de esa misma persona. Tienen una capacidad de perdón instantánea y he de reconocer que se han visto en alguna que otra situación “incómoda” y jamás reaccionaron mal.

Niveles de inseguridad adecuados: Todos los perros en cierta medida presentan algún tipo de inseguridad. Es natural, instintivo, es cosa de supervivencia. Los humanos no somos tan diferentes en realidad en este aspecto. Si los niveles de inseguridad en el perro son muy elevados, no podrá ser un ejemplar adecuado para realizar labores de terapia. De nada serviría intentar desarrollar una sesión con un perro que se esconde bajo el mobiliario cada vez que escucha un ruido extraño.

Raza y morfología: En principio y si somos capaces de analizar a cada perro de manera individual, todas las razas podrían ser aptas para desempeñar labores de intervención asistida, pero es cierto que hay determinadas razas que ya vienen por decirlo de alguna manera con ciertas habilidades de fábrica. Es común encontrarse perros de raza Labrador Retriever o Golden Retriever ejerciendo estas funciones, ya que se les considera mayoritariamente como animales cercanos, sociables y con poca incidencia de conductas agresivas, además de una capacidad de aprendizaje más que aceptable. Lamentablemente también hay que añadir que ciertas razas de gran tamaño o facciones que inconscientemente relacionemos con agresividad, como son las de presa, no son óptimas, al menos en la mayoría de las ocasiones, aunque el resto de sus cualidades sean extraordinarias.

Inteligencia, motivación y atención: Son algunos de los factores a tener también en cuenta a la hora de seleccionar un perro para terapia, ya que en caso de ser óptimos los necesitaremos para entrenarlo. Sí, entrenarlo. Insisto en que no es suficiente con que sea buen perro. Para desempeñar adecuadamente sus funciones ha de ser previamente adiestrado. Esto requiere tiempo, dedicación y muchas dosis de paciencia y además no es algo que se aprenda viendo tutoriales en YouTube. Si alguien está interesado en este mundo siempre le recomendaré encarecidamente formarse en él antes de lanzarse a la aventura, poniendo en riesgo la seguridad de otras personas y/o animales.

A parte de los ya mencionados, siempre pueden añadirse otros factores que puedan influir en la selección del perro adecuado, pero considero estos los más remarcables y no son pocos, así que si después de leer todo esto, alguien sigue pensando que su perro es perfecto para terapia, ruego no empleen el tiempo en comunicármelo, úsenlo entrenado a su amigo.

 

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