Ni un beso mas

Brilla la vida en las aceras de la ciudad del frío que en estaciones como esta,
se deshace un poco.
He aumentado mi vida
7 más
por si acaso esta, la malgasto tanto como mi tiempo.
Tengo arañadas las piernas
y los dedos de los pies
he tentado a mis pulmones
y los he dotado de fuerza sobrehumana y aire.
He vestido a mi muñeca derecha de tinta negra, aunque la que más use sea la azul y ella ya está en mi vida para siempre en la única extremidad que late,
palpita
y expresa más que ese maldito puño rojo que escondo en el pecho izquierdo.
De momento no había naufragios,
todo eran toboganes
escaleras hacia el agua
y olas artificiales.
Eran cervezas frías en los días de revista,
y mañanas madrugando sabiendo que por mucho que costará merecería la pena
y de verdad que pese a las dobles pieles
las uñas negras
y las bolsas malvas debajo de mis párpados la merece.

Hasta que hoy
mi móvil ha decidido abrir otra vez la ventana y que sus ojos cristalinos me saludaran
que sin legañas,
volaran pestañas como golondrinas a colgar sus nidos en mis pómulos rosados.
Y que hago yo ahora
Volver a escribir versos hablando de su boca
volver a dejar de conciliar a mi sueño con perdones de mierda
volver a esos días de continua dependencia
de continua transfusión de letras
a no saber que hacer si él responde y yo ya no me acuerdo ni de la pregunta,
a rembolsar mi tiempo a cambio de acordes nuevos y sonrisas invisibles.
Que pasa si se vuelve a morir y yo no vuelvo a aguantar,
que ocurre si necesito este dolor constante para darme cuenta de que sentí y es el préstamo que tengo que pagar por algo que me hizo tan de oro.
No le bastaba un libro
1000 y una de mis noches en vela y barco
200 lágrimas con café
más de 1000 tormentas
un millón de besos abrochados y unas tantas vías de tren que solo han hecho que perdiera más el rumbo.
No le bastaba cantar sin mi,
vivir sin mi,
joder,
sin mi.
Un día dije que la fecha de caducidad la pondría él
pero me he dado cuenta de que cuando las cosas
personas
sentimientos
que más da
llegan a ese punto en el que el moho empieza a salir hasta por debajo de los nudillos
es momento de coger la maleta, cerrar la puerta y hacer todo el ruido posible.
Voy a querer a quien me quiera y dejar de verte en todas partes.
Ni un verso más.

escritura1
Ana Cuesta

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