Más allá del límite

 [dropcap]C[/dropcap]on este título puede parecer que el contenido del artículo sea un micro-cuento, o incluso el resumen de algún episodio de “Se ha escrito un crimen” (¡Cómo no recordar a Angela Lansbury!). Pero no, nada de eso. Simplemente hace referencia al límite que cruzan algunos individuos cuando, habiendo sido avisados, hacen honor a una testarudez (a veces obsesión)  digna de un animal de tiro.

 fletcherTodos habremos escuchado a amigos o amigas, conocidos o conocidas que nos han narrado en primerísima persona que un pretendiente suyo les sigue acechando. El problema no es que aceche  o no, ya que a muchos les encanta sentirse deseados, sino el cuándo lo hace. Así pues, que ese inútil ritual de cortejo tenga lugar después de haberse delineado un linde, puede llegar a ser una tortura para la parte afectada. Ejemplo: tras numerosos intentos, con resultados poco satisfactorios para el cortejador, la cortejada decide aclarar el asunto. Lo aclara manifestando el agobio que le produce ese ritual infantil. Pero con buena política y tras emitir su disgusto ofrece al obstinado la posibilidad de enterrar esa fase y retomar la amistad que se tenía. Ambos aceptan la decisión y una de las partes cree verse liberada del constante e ininterrumpido acoso que venía soportando (con gusto y amargura todo hay que decirlo). Hasta aquí parece que la diplomacia y espíritu negociador han servido para algo. Aparentemente sí, pero  dos días después alguien no pudo ahogar sus “sentimientos” y volvió a las andadas. Mediante mensaje, algo parecido a un “te quiero, eres la mujer de mi vida”. Sabiendo la sinopsis del asuntillo, ahondemos pues en el estudio.

Sinceramente, la situación es triste. ¿Cómo una persona con buenos resultados puede ser tan torpe en las relaciones personales? No me refiero a que tenga, o no, suerte en eso tan abstracto que llaman amor. Más bien me refiero a la situación que se da: que te dejen bien claritas las reglas del juego, y no te quieras ceñir a ellas para seguir intentando la consecución de tus intereses. ¿Cómo es esto posible? Pues bien, recordando un libro que uno leyó hace muchos años, “La inteligencia fracasada”, me doy cuenta de que el resaltar en el plano académico poco, o nada, tiene que ver con el ser un mendigo sentimental. Rozando los percentiles máximos en un tipo, pero estando muy por debajo de la media en otros tipos, así es aparentemente quien “retroalimenta” estas palabras. José Antonio Marina, como filósofo, ya hacía esa diferenciación de los tipos de inteligencia. Lo ilustraba con la metáfora de que lo que conocemos como inteligencia es un todo formado por diversas partes, interconectadas unas de otras en ocasiones, o no necesariamente. Viene a ser como un piso, más o menos grande, que se subdivide en estancias. Será pues cada una de estas estancias individualmente la que determine el tamaño total del inmueble.

Vemos que aquí entran en colisión las capacidades intrapersonales, interpersonales e incluso la lingüístico-verbal. Empecemos por la última: a un niño le dicen “no cojas eso” y dependiendo de su madurez acatará la orden o no. Si el niño entiende lo que se le dice, pero quiere cogerlo para mostrárselo a su primo, no estaríamos ante un fracaso, pues el chiquillo habiendo comprendido la prohibición, se arriesga anteponiendo su interés. Pero si no terminase de comprender el significado de la orden, si tuviese dificultad, si se calificaría como fracaso, o como limitación. En el caso, y menudo caso, que nos ocupa, podríamos decir que el fracaso lingüístico-verbal se da. Y se da porque conociendo la limitación impuesta por la otra parte, conociendo la voluntad manifiesta de la muchacha, el cerebro de este nuestro sujeto no hace otra cosa que tergiversar unas palabras reales, o no alcanzar a comprender el contenido exacto de las mismas. Pero como en una casa no solamente se vive en la cocina, sino que se transita por diferentes ambientes, analicemos pues la relación que guarda con las demás divisiones.

Se mencionó la capacidad interpersonal, aquella que nos vincula con los demás en cuanto a sus cambios anímicos, intenciones o deseos (entre otras muchas cosas). Nos remitimos de nuevo al niño, que como bien sabemos todos los chiquillos tienen una empatía terrible: se ven afectados y hasta habitan la piel de cualquiera. Solamente hay que viajar a una escuela en el primer día de curso. En esta situación muchos niños lloran por el mero hecho de que sus iguales lo hacen, y no por imitación, sino porque son capaces de sentir el dolor palpable de los que no quieren alejarse de sus padres para entrar en la escuela. En nuestro sujeto de estudio, se vuelve a dar un fracaso sustantivo de la inteligencia intrapersonal. Ya no es que puedas, o no, haber analizado bien, y comprendido,  las claras ideas de la estructura sintáctica que decía que no se querían más intentos de requebrar. Eso lo dejamos en la cocina, y ahora nos ubicamos en el salón. En el salón dialogamos con personas y en esos diálogos se emite tanto contenido verbal, como no verbal. En la inteligencia intrapersonal, como en las conversaciones de la sala de estar, lo importante es lo que se manifiesta. Puede el emisor querer manifestarlo, o no, puede el receptor ser más empático (o emocional si se me permite) o no. Pero la cosa está ahí. Por cosa uno se refiere al mensaje emitido, pendiente de recepción y asimilación. Pero, ¿cómo una persona no puede digerir lo que se le ha comunicado expresamente? ¿Cómo una persona no puede percibir las reacciones más que claras de la otra parte? Puede ser difícil aceptar una derrota, o incluso el hecho de que podemos ser sustituidos. Pero aunque cueste, hay que hacerlo, ya que la otra parte no se merece ser fustigada. ¿Tiene el encéfalo un medio de protección que hace que no perciba bien el deseo de la otra parte? Si realmente es así, más que un mecanismo de auto-salvación es una disonancia cognoscitiva en toda regla. Y eso está más allá del límite de la salud mental. Algunas disociaciones cognoscitivas famosas reciben el nombre de esquizofrenias por ejemplo. Aunque dudo que en este caso se esté ante nada parecido, sino simple y llanamente ante un límite impuesto por nuestra capacidad en las relaciones sociales.

Por último, y algo en lo que no quiero ahondar, y no por falta de interés o falta de opinión, sino por la extensión que podría resultar, nos topamos con la antes mencionada capacidad intrapersonal. Suena parecido a interpersonal, pero “nanai del peluquín”, no tienen el mismo alcance. La “intrapersonae” hace  referencia a los aspectos íntimos, interiores, al “Id”, “Ego”, “Superego” freudianos y al “Alter ego”, mientras que la interpersonal viene a ser la relación entre sujetos, y como se comprenden las manifestaciones emocionales. Resulta difícil que un niño tenga formado un autoconcepto se sí mismo, o se conozca a tempranas edades (aunque el concepto de la propiedad lo desarrollan a muy cortas edades). Por eso este tipo de inteligencia se va perfeccionando con la edad, se va adquiriendo con la madurez. Se puede relacionar con sabios y ermitaños. ¿Y nuestro sujeto? ¿De qué manera ha errado aquí? Esta vez, y grosso modo, comentar que puede que no tenga claro lo que siente. Me refiero al “amar” al querer” a una persona por el simple hecho de verla y hablarla todos los días. Ridículo es, pero no se puede achacar a su voluntad, ya que no es fruto de esta, sino a un mal conocimiento de si mismo a priori. Ya digo que esto es muy por encima, puesto que la dimensión personal es la más complicada.   enfrentamientos

En conclusión, y  para culminar este articulillo rápidamente redactado (y espero que esa rapidez no haya influido en la calidad final del mismo), lanzar una pregunta al aire: ¿es el amor, el querer, o la obsesión, una causa de algunos fracasos intelectivos? La respuesta correcta sería que sí, lo es. Todos hemos visto de todo, y el cine no se aleja de la realidad en muchas ocasiones. Quizás debería la gente ser más aguda, y más resolutiva, como lo era Jessica Fletcher, interpretada por la antes mencionada Angela Lansbury. Si la obsesión, el querer o el amor no nublase la mente de algunos, podrían guiarse por la bombilla de la lógica…aunque ciertas personas la tengan de bajo consumo (en referencia al uso que hacen de ella, no a la eficiencia) y baja iluminación.

 

Sergio Fontecha Vil.

 

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