Juventud o “Juventudes”, Política o Politización

¿Somos libres?, ¿nacemos libres?, ¿nos hacemos libres?

La juventud, especialmente si hablamos en la Universidad, se trata de un período de eclosión de sentimientos e ideas que van configurando una proyección vital propia. De esta maduración, de este proceso se va estructurando una sociabilización política (que va mucho más allá de convertirse en una persona de izquierdas, de derechas o de centro, se trata de la toma de conciencia de la relación entre el individuo y la sociedad). Este proceso tiene su forma natural si es tomado en la libertad y con la posibilidad de ampliar las perspectivas de las propias de cada persona por su condición social.

A día de hoy estamos ante la generación de jóvenes más politizada desde la Guerra Civil, si bien es algo lógico dadas las circunstancias de conflicto y de demandas de reestructuración social, pero también tiene el elemento artificial del interés partidista. Los partidos, esas instituciones privadas con intereses públicos si pretenden perdurar necesitan que nuevas generaciones tomen su decimonónica ideología con los mínimos cambios posibles: aquí aparecen la Juventudes.

Estas secciones dentro de los partidos tienen su origen en movimientos de tinte autoritario (tanto a la izquierda como a la derecha del tablero), en los que primaba la custodia del dogma a la adaptación. El interés último: El Partido. Este fenómeno, el de las secciones juveniles, es a mi ver una secuela de concepciones erróneas de la democracia. Las juventudes políticas se crean con unos fines claros:

  1. Tener controlados a aquellos que por su edad ansían cambios de perspectiva, de esta forma se liman los díscolos. Eliminas el revisionismo.
  2. Creándose “instituciones” de partido para jóvenes se evita que éstos aspiren tan pronto a los puestos de los “mayores”.
  3. Introduces la disciplina de partido como el elemento imprescindible para el ascenso.

No por tener ambiciones políticas debemos alistarnos a sus órganos de procesado. El poder, la influencia y la superación personal no es nada si dependemos del dedo divino de otros para medrar y no por nuestros méritos. Después nos llevaremos las manos a la cabeza cuando sean los mediocres los que se alcen en puestos de relevancia, pues aunque eran ignorantes, estaban siempre allí. Hablemos de Juventud, no de “Juventudes” de tal o cual partido, hablemos de Política, no de Politización, y hablaremos mañana de hombres y mujeres haciendo política, no de políticos.

Miguel Ángel García López

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