Iñaki Gabilondo, Doctor Honoris Causa 2016 en Comunicación

Como ya os remitimos en la noticia de la semana pasada Acto de nombramiento… os traemos el artículo especial dedicado a la figura de Iñaki Gabilondo. Sin mas dilación, aquí lo tenéis:

Cristina Ballesteros

Indagando en la vida de Iñaki Gabilondo, uno puede llegar a dudar si nació ya con un micrófono en la mano, una mirada crítica casi visionaria (en mayo auguró punto por punto la situación actual de los movimientos de cada partido político) y una voz prodigiosa. Su currículum es interminable.

Empezó a trabajar como periodista con veintiún años en la Radio Popular, perteneciente a la COPE, en su San Sebastián natal. Con veintisiete ya era presidente de la cadena. Después pasó a dirigir la Cadena SER en la misma ciudad. Dos años más tarde se trasladó a Sevilla para dirigirla allí, donde acabó convirtiéndose en director de informativos. En 1978 pasó a formar parte de los informativos de la cadena en Madrid. No tardó mucho en hacerse director de los Servicios Informativos. Poco después pasó a formar parte de los servicios informativos esta vez de TVE, donde también se ganó el puesto de director de los mismos. Las tensiones políticas y la debilidad del gobierno de Calvo-Sotelo hicieron que abandonara la televisión pública y regresó a la SER. A partir de ahí, su carrera se movería entre la televisión, la radio y la prensa escrita, a saber, los informativos de la cadena Cuatro, la SER y El País. En la actualidad sigue presentando y dirigiendo programas en radio y televisión privada. Cabe destacar el programa que actualmente está en curso, Cuando ya no esté, en el que se dedica a entrevistar a personalidades científicas de distintos ámbitos intentando responder a la pregunta de “¿Cómo será el futuro cuando ya no esté?”.

Empezó a ganar premios como reconocimiento a su labor periodística en 1988. Y hasta hoy. Ya lleva treintaicinco. Uno casi si queda sin aliento leyendo todos los programas en los que ha participado y que ha dirigido. El último de estos premios es el Doctorado Honoris Causa 2016 de Comunicación por la Universidad de Burgos.

El acto de proclamación tuvo lugar el pasado jueves 20 de Octubre. Algunos afortunados tuvimos la suerte de poder realizar un encuentro con él en la Facultad de Humanidades y Comunicación, donde pudo responder a algunas de nuestras preguntas, moderado por el periodista y profesor de la UBU José María Chomón Serna.

Yo llegué con algunas preguntas preparadas, inocente de mí, pensando que tendría ocasión de hacérselas. No obstante la charla fue igualmente interesante y enriquecedora.

La primera intervención trató sobre el tema de la Universidad Autónoma de Madrid, en la cual algunos alumnos de extrema izquierda evitaron violentamente la conferencia que había de realizar el ex presidente del gobierno Felipe González. Gabilondo lamentó el “impedimento de la circulación de ideas.” Recordó entonces la época de la dictadura, la no libertad. La valoró mucho animándonos a los jóvenes estudiantes a que seamos conscientes de lo que tenemos ahora. Aquello por lo que lucharon nuestros padres hace más de cuarenta años.

Afirmó que hasta 1977 no podían rodarse informativos en las radios privadas, sino que todas y cada una de las emisoras conectaban con Radio Nacional de España, evidentemente dirigida. Mediáticamente sólo existía una realidad. La de los ganadores, claro. Él formó parte de los primeros informativos de una radio privada.

Tras esta valiosa lección de historia, tocó laurear a la radio. Es bien sabido que Gabilondo prefiere definirse como locutor radiofónico, es el mar en el que nada mejor. Argumentó en su favor que “la radio se pliega como un segundo corazón mientras tú sigues haciendo tu vida. No la detiene, sino que te acompaña en cualquier momento”. Añadió, además, que lo interesante de la radio es que las cadenas no compiten entre sí, sino que es ella misma la que compite con la vida, con la primera voz de todas las cosas. Los locutores son la segunda voz de la realidad. Ahí reside su especial naturaleza. Son íntimos, se meten en nuestras casas, en nuestras cocinas. “Los periodistas de la radio estamos cerca de la gente”, dice. “Contamos la vida pero nunca intentando ser más protagonista que los propios actores de las noticias.”

Asegura que fuera de España sorprende que tengan más foco de referencia los locutores de radio que los presentadores de televisión. Quizá la radio siga siendo sincera con su propia labor y deja de lado el show de los platós tan presente en la pequeña pantalla.

Después de su particular homenaje a su compañera de fatigas, llegó un momento más triste, más pesimista. Lleva cincuenta años en la radio y ha tenido que ver casi de todo. Es ya perro viejo y todos sabemos el dicho. Reconoce que se ha impuesto el dominio de lo económico, de lo rentable, de lo inmediato. Nuestra sociedad ha creado un “mundo imbécil por la imposición de las cifras económicas”. Y no sólo se refiere a los medios de comunicación, sino incluso en la política. “Gobernar un país ahora significa llevar las cuentas”, añade resignado.

Sin embargo, la radio tiene una base solidísima, como por ejemplo la SER. Comenta que él cuando trabajaba en la radio en San Sebastián, era el momento en el que más cerca estaba de la realidad tangible que retransmitía en los micrófonos. “Contaba que llovía en San Sebastián. Y salía a la calle y me mojaba.” Nos vale como ejemplo directo para entender su trabajo, pero todos sabemos que eso no era lo más relevante que sucedía en el País Vasco en los años 70 y 80.

Una de las intervenciones que más me impactó fue cuando habló de las claves para entender estos conflictos, los retos que hemos de superar en el siglo XXI. Uno de ellos es repetirnos los mantras de que “lo que está pasando está pasando” y “lo que está pasando se va”. Hay que dejar de idolatrar el “ahora mismo”. Hemos proyectado el futuro en visión de lo que pasa ahora, y se pregunta: “¿y es que no vamos a hacer nada hasta entonces?” Es un error y una traición a las esperanzas de la gente. El futuro no va a ser lo que es. Es aquí cuando hizo alusión al programa que regenta Cuando ya no esté. Asegura que no tenemos ni idea de lo que está moviéndose el mundo, la tecnología, los descubrimientos científicos. Añade, con cierto aire melancólico, que seremos capaces de resolver la gran mayoría de problemas de la actualidad, pero el ser humano no avanzará nada en sus relaciones, en la educación, en la manera de atajar los problemas. En ese momento se me vino a la cabeza la frase de Albert Einstein: “Temo el día en el que la tecnología sobrepase a la humanidad y el mundo tenga una generación de idiotas”. Quizá en cierto modo haya llegado ya ese momento. La segunda de las claves concierne también al futuro, el cual no está escrito. Nunca lo estuvo. No hay que preguntarse “¿qué va a pasar?”, sino, “¿qué vamos a hacer nosotros?”. El futuro será en función de lo que hagamos, lo que no  y lo que dejemos que pase.

Sin embargo no todo fueron lecciones vitales, sino que entre máxima y máxima, hubo lugar para las anécdotas. Relataba que en las entrevistas a científicos de este programa, muchos de ellos se sorprendían gratamente de que un periodista se interesara tanto por sus temas de investigación. Gabilondo les concedía una o dos horas para hablar de su proyecto, lo cual es verdaderamente atípico. Los investigadores no están acostumbrados a que la sociedad se interese por su campo, por la ciencia. Y eso que es, asegura nuestro nuevo Doctor, que es la clave de todo, que debemos invertir en ella, interesarnos por ella, y no reducir el porcentaje de inversión llevado a cabo por el gobierno, como se ha venido haciendo en los últimos años. Casi un 40% se ha visto mermado el dinero enviado al I+D+I. Así nos va. O así se nos van los científicos del país.

La última de las preguntas a las que pudo contestar fue la realizada por un alumno de Periodismo sobre su devenir profesional. Le pidió consejos que le fueran útiles para triunfar en este mundo tan competitivamente salvaje. La contestación, rotunda y sincera: “No tengo ni la más mínima idea”. Desde luego que fue inesperada, lo que produjo la risa en el público. No obstante, no os preocupéis, no se quedó ahí el asunto, sino que continuó diciendo que nunca ha sido fácil. Ninguna generación en la historia ha sabido qué hacer con su vida. Aconseja que busquemos el futuro, incide en que peleemos. El mundo es muy grande y hay millones de cosas, “no tenéis que rendiros. Encontraréis por dónde ir”. Nos tranquiliza, paradójicamente, diciendo que tenemos muchos motivos para estar preocupados, somos una generación que puede quejarse de la herencia recibida. Recuerda que él, con nuestros años, veía inverosímil cómo podría ganar dinero para vivir. Y lo consiguió, a la vista queda. Nunca dejó de estudiar, y eso debemos hacer nosotros. “Uno se hace mayor cuando estudia algo que no le van a preguntar en un examen.” Insiste en que leamos para convertirnos en quien queramos y podamos entender las circunstancias en las que cada uno ha de moverse para salir adelante. Debemos además, desechar el “cortoplacismo”, la necesidad de tenerlo todo, aquí y ahora. Roma no se construyó en un día.

En fin, termina concluyendo que los mejores regalos que le ha dado su profesión es que ha podido vivir y retransmitir los asuntos que han cambiado el país en el momento mismo en el que estaban sucediendo. Un ejemplo que comenta es el del Golpe de Estado del 23 de Febrero de 1981. Gabilondo cuenta que él tuvo que relatar en directo este suceso. Asegura que cuando veía caer a los congresistas tras los disparos de Tejero no sabía si era porque estaban agachándose o porque les había alcanzado uno de los disparos. Nadie tuvo un papel fácil aquellos años.

En fin, tras estas lecciones de vida uno tiene la sensación de que siempre le quedará una clase pendiente con Iñaki Gabilondo. Viva usted muchos años, Doctor.

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