I

Recojo los restos de columnas jónicas,
crónicas de civilizaciones mitológicas,
conocimientos de mundos olvidados.

Morimos al olvidar el nuestro.
La cueva de las sombras,
es la prisión de la rosa
que late en mi pecho.
Ellas viven en los recuerdos de los locos
que se atreven a desafiar al tiempo.

En esa cueva se quedarán los otros,
cínicos, absurdos, nimios y triviales,
cuyo mayor afán es olvidar el celular,
caprichosos.

Soy preso en la sinrazón del movimiento,
vivo sin andar a ningún sitio,
los caminos se retorcieron.

Las ideas son mi refugio, mi cielo,
el equilibrio como virtud
y la virtud mi templo.

Esta noche soy el filósofo escéptico

1a0

Fran NezbiaN

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