Entre el negro y el blanco hay un sinfín de grises

Irina Harán

¿Cuántos de vosotros tiene que levantarse cada día, para hacer algo que no le gusta? Algo que no le llena, qué le crea un abismal vacío por dentro, y lo único que haces para evitarlo es repetirte una y otra vez “es lo que hay, ya vendrán tiempos mejores” Pero… ¿Y si esos tiempos nunca llegan? ¿Qué harás entonces? ¿Vivir toda tu vida un futuro ficticio, incierto?

Pongámonos en la mejor de las situaciones: te has sacado una carrera, has conseguido un buen trabajo de aquello que has estudiado, con un buen sueldo que te permite pagarte tu casa, tus caprichos… vale, ¿y ahora? ¿Qué?  Te quedan unos 50-60 años de vida en los que como mucho podrás aspirar a unas semanas de vacaciones al año y ahorrar para cuando te jubiles, y, se realista, ese dinero no lo podrás disfrutar lo suficiente porque ya eres demasiado viejo para cumplir esos sueños que tuviste cuando eras joven, y se quedó en eso, en sueños.

Mira a tu alrededor, a todas esas personas que pasan por la calle, o a tus conocidos y amigos… Seguro que ves lo mismo que yo: la gran mayoría de personas están muertas en vida, lo único que les motiva a levantarse todas las mañanas son las facturas que tienen que pagar, o los exámenes que deben aprobar, o no llegar tarde a ese trabajo que detestan para no tener que afrontar un posible despido. ¿Cuántas veces te has encontrado con un amigo y te pregunta… “¡Hey! ¡Cuánto tiempo! ¿Qué es de tu vida? ¿Qué tal te va?” y tú respondes sin parar a pensártelo ni un solo segundo, es algo automático: “bien, aquí, como siempre…”

Tanta gente se siente vacía por dentro sin saber qué camino tomar, son tantos y todos tan distintos que a veces hasta te da pereza pensar en ello. Los días pasan, y los meses, y los años… y tienes que decidir si sigues estudiando, y si es así ¿Qué estudias? Después también te fijas en qué tiene más o menos salidas en el mundo laboral, o si por el contrario te pones a trabajar y… ¿en qué? Para tener el futuro que quieres, pero… párate un segundo y hazte esta pregunta: ¿Cuál es el futuro que quieres? No, no ese que nos han metido en nuestra cabeza desde que éramos unos críos, ese en el que debes estudiar una carrera de ciencias con muchas salidas, un gran sueldo, y que si no estudias no llegarás a nada en la vida, que las humanidades o las bellas artes no sirven para nada, ni la cocina, que si eres músico serás un muerto de hambre…  no, el que tú quieres para ti. Aunque sea por una vez, trata de ser sincero contigo mismo, ¿a qué te dedicarías si pudieras elegir cualquier cosa, aquí y ahora, sin importarte nada más y nada menos que lo que tú quieres y deseas? Probablemente a muchos de vosotros os gustaría trabajar viajando por todo el mundo, ser cantante, escritor, artista, gimnasta profesional, chef de un restaurante… no sé, hay tantas personas diferentes y tanto donde elegir…pero en lugar de eso tienes un montón de ideas y sueños que no llevas a cabo por el ¿Qué dirán?, o porque tus padres quieren que hagas otra cosa, y te pones una excusa tras otra diciéndote a ti mismo “me falta dinero, me faltan medios, no es lo mío por mucho que me guste, hay gente con mucho más talento que yo…” pero… piénsalo, todo eso no son más que eso: excusas, y te pasa lo que a mucha gente le pasa, y yo me incluyo, lo que tienes es miedo, miedo a fracasar.

Hay una estrofa de Rubén Darío que leí por primera vez hace unos años, pero cuando lo hice no la llegué a comprender del todo, y conforme iban pasando los años iba cobrando sentido, y dice así: “juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver, cuando quiero llorar, no lloro, y a veces, lloro sin querer”. Si tienes un sueño lucha por el ahora, no esperes a un futuro que ni sabes si existe, no aceptes consejos de personas que intentan darte clases de cómo va la vida cuando ellos han fracasado sin siquiera intentarlo. Fíjate en lo que hicieron mal para no cometer sus mismos errores.

Un hombre sabio dijo una vez “solo podrás hacer realidad tus sueños si cuando llega la hora sabes estar despierto” tiene sentido ¿no? Sé por experiencia que  nadar a contracorriente es muy frustrante, y cansa. Cansa mucho. Que habrá muchísimos momentos, más de los que puedas imaginar siquiera, en los que querrás abandonar y rendirte. Dejarlo todo atrás y que la vida salga victoriosa en esta guerra. Tu propia guerra. Pero… ¿Qué es lo que realmente sientes cuando te miras en el espejo poniéndote ese disfraz de otro clon más, con miedo a tomar decisiones importantes que podrían darle un giro de 180º a tu vida? ¿No te has sentido raro alguna vez? ¿Extraño? ¿Cómo si estuvieras en el lugar equivocado? Pues si de verdad sientes eso no sé a qué esperas para levantarte de la silla en la que estas sentado, salir por la puerta, e intentarlo. Si tienes miedo a caminar pues… no sé, fabrícate unas alas y aprende a volar. Si tienes miedo a caer… aprende a levantarte. Si realmente quieres algo lo intentarás una y otra vez sin importar las veces que falles en el intento, no te rendirás aunque la vida gane mil batallas. Esta guerra es tuya y tu destino eres tú el que lo escribe. Coge de una vez las riendas de tu vida y niégate a ser un clon más de esta sociedad.

En el fondo todos sabemos que lo que de verdad queremos es ser libres hasta ese fatídico día en el que cerramos los ojos por última vez. Busca dentro de ti. Solamente tú sabes qué es lo que realmente quieres, y deja de esperar ya de una vez a que pase un milagro, porque nadie va a llamar a tu puerta. Y recuerda… “entre el blanco y el negro hay un sinfín de tonalidades de gris”.

cumplir-suenos

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