¡Empiezan las Jornadas de exámenes: estudiar, invocar y cafetear!

Nos acercamos peligrosamente, por no decir que estamos a punto de empezar con los exámenes. Sí, esos papeles tan inocentes a simple vista, pero que guardan en su interior la desesperación, la frustración y una cantidad de tiempo igualable a la de montar una torre de 20 pisos de cartas de póker. Además el aprobado en muchas carreras se tambalea igual que esta torre con una mínima brisa de viento.

Todavía en el primer cuatrimestre parecía que los exámenes estaban lejos, muy lejos, al año siguiente. Aquí no, en este segundo cuatrimestre, la realidad es mucho más triste. Los exámenes están justo antes del verano; es decir nos quedamos sin Parral (un atentado en toda regla para cualquier burgalés) y en algunos casos (entre ellos los alumnos de máster) con unos San Pedros bastante light, por no decir transparentes: inexistentes. Pero encima de todo esto, son asignaturas con todos sus temas y encrucijadas en dos meses largos que tenemos que administrar en un puñado de fines de semana sin apenas tiempo entre la última semana de clase y el primer examen. Además, es ahora cuando podemos darnos cuenta de lo injusto que es el tiempo. Nos dicen “el tiempo siempre tarda lo mismo en pasar”. Emmm… ¿tarda lo mismo en pasar durante dos horas de cualquier asignatura (cualquiera) y en un fin de semana? ¡Si respiro el viernes y ya es domingo! ¡Se pasa más rápido que un mes en Ibiza! En fin, las tomaduras de pelo del tiempo.

Bien, ¿qué es pues lo que vamos a hacer a partir de ahora? Muy fácil, estudiar (o intentarlo), invocar y cafear. Las instrucciones de la fase previa a los exámenes son estos tres elementos: estudiar mucho y bien, invocar a los dioses de cualquier país, continente y planeta mientras estás estudiando, yendo al examen, antes de este, durante, después y hasta que te dan la nota; y por supuesto cafear, cafear mucho. El café es muy sano con el estrés, pero… sano no para la salud física, si no para la salud psíquica del pobre estudiante que no entiende bien para qué tiene que pensar en el fin del mundo cada cierto tiempo de su vida por manchar un papel y recibir una nota.

Normalmente, al principio de este mes los alumnos tienden a frecuentar la terraza de la cafetería de su respectiva (o no) facultad. Evidentemente eso en Burgos es un bien de lujo que solo con el abrigo y la bufanda uno se puede permitir. Pero bueno, ya estamos acostumbrados. Y ahora llega el momento de llenar las bibliotecas y desencadenar un flujo de neuronas, ganas (las que se pueda), felicidad, entusiasmo (lo sé, es poco viable) y a disfrutar a tope del fin de curso ¡con la mirada puesta en el verano! ¡Ánimo!

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Neila Rodríguez

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