Elecciones de EEUU. Continuismo o cambio radical

El pasado lunes 1 de febrero comenzó en Lowa la carrera para elegir al próximo Presidente de los Estados Unidos. Queda prácticamente un año por delante con 50 estados por decidir en primarias al candidato o candidata de cada uno de los dos grandes partidos (Republicano y Demócrata).

El sistema electoral estadounidense deja claras dos cosas, ser un sistema extraordinariamente exigente en el plano económico (una campaña para la presidencia solo puede ser mantenida mediante donaciones millonarias, o, como en el caso de Trump, disponiendo tú mismo de dichas cantidades), y su eficacia a la hora de captar líderes carismáticos (lo cual no es siempre algo positivo).

Después de dos legislaturas con Obama al frente del ejecutivo, con luces (reducción de la desigualdad, crecimiento económico, deshielo de las relaciones con Cuba e Irán) y sombras (fracaso kparcial del programa de Sanidad Pública, no cierre de Guantánamo, continuidad de la injerencia militar en Oriente Medio), los sondeos de opinión coinciden en considerar a Obama como el presidente menos impopular desde Kennedy, poniendo el listón bastante alto para el próximo inquilino/a de la Casa Blanca.

Llega pues el turno de repasar a los principales candidatos a ocupar el sillón que deja vacante el primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos:

– Hillary Clinton (Demócrata): Ya compitió en primarias, perdiendo ante el propio Obama en 2008, posteriormente fue elegida por este como Secretaria de Estado (equivalente a Ministra de Exteriores). Es, con bastante diferencia, la política con mayor experiencia de la lista en cargos, pero cuenta en su contra con ser “puro establishment” (desde un primer momento por su condición de ex Primera Dama), en una época en la que triunfa el discurso anti – élites. Aun con todo, es la máxima favorita para vencer en las primarias demócratas y en las elecciones presidenciales.

– Bernie Sanders (Demócrata): Senador judío de 74 años, veterano representante del Estado norteño de Vermont. Sanders se caracteriza por ser el candidato de tendencia más izquierdista, siendo partidario de un modelo socialdemócrata similar al imperante en los países escandinavos, así como de poner fin a la política de injerencia estadounidense en relación a Oriente Medio. Cuenta con la simpatía de gran parte del voto joven demócrata (pese a su edad) especialmente por su discurso crítico con el “establishment” demócrata.

– Donald Trump (Republicano): Multimillonario, showman televisivo, hace unos días, el periódico de El Mundo lo definía acertadamente como una combinación entre las formas del ex Primer Ministro italiano Silvio Berlusconi (machista, prepotente y sin pelos en la lengua), y el discurso de la líder del Frente Nacional Marine le Pen (xenófobo, islamófobo y defensor de los “valores de la civilización occidental”). Trump es el gran protagonista de las primarias republicanas, ha pasado por todo, desde la promesa de construir un muro entre Estados Unidos y México o expulsar a todos los musulmanes del país, a enfrentarse directamente con Fox News (la cadena de televisión de referencia de la derecha estadounidense), y pese a todo ello sigue como líder y principal favorito en todas las encuestas. La clave de su éxito, un populismo sin límites (no tiene problema en mostrarse de acuerdo con políticas como la reforma sanitaria de Obama, que es contraria a los principios republicanos pero goza de gran apoyo popular) y un discurso
tremendamente crítico con las “élites de Washington”.

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– Ted Cruz (Republicano): Senador por Texas y miembro del ala más radical del partido Republicano. Nacido en Canadá como hijo de exiliados cubanos, campeón de debate universitario y experto legista. Con una ideología de base en los valores cristianos y una oratoria brillante, Cruz, considerado un lunático por los moderados republicanos, apela al derecho a portar armas, la revocatoria de la reforma sanitaria, o la ruptura inmediata de los acuerdos con Irán para intentar superar a Trump.

– Marco Rubio (Republicano): Senador por Florida y candidato del establishment republicano a la presidencia tras el desplome de Jeb Bush, este hijo de exiliados cubanos ha ido moviéndose desde posiciones más radicales en el partido, a una ubicación más centrista, mostrándose como la mejor baza de los republicanos para captar el creciente voto latino. Sin embargo, su escasa experiencia política (apenas lleva cuatro años como senador), así como sus dificultades para salirse de todo aquello que no sea un guión perfectamente definido (la prensa yanqui ya lo apoda “el robot” por sus dificultades para improvisar) son las principales barreras en su particular sendero hacia la presidencia.

No está de más mencionar a algún otro de los candidatos del lado republicano (del lado demócrata sólo permanecen Clinton y Sanders) como Jeb Bush (favorito inicialmente) o John Kasich (segundo en las primarias de New Hampshire), si bien los principales analistas norteamericanos descartan que ambos sean capaces de mantenerse en la carrera por mucho más tiempo. Así pues, los actores principales están definidos: una mujer y cuatro hombres aspirando a la presidencia. Para conocer al ganador tendremos que esperar un poco más.

 

 

Eduardo Tena Sanz

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