Destino: las vías del tren | Prólogo

Noelia Martínez García

Cambios, cambios, cambios. Los cambios a veces pueden generar caos y miedo, a veces pueden ser objeto de temor, de burla o de humillación. La gente que los implora suele tener problemas. A lo largo de la historia ha habido muchos ejemplos, muchos episodios de revolución en los que se han pedido e incluso impuesto cambios, aunque fuese a golpe de guillotina. La evolución de la historia de la humanidad es un tema interesante, porque el hombre dejó de ser nómada y se instaló en el sedentarismo, del cual no ha sido capaz de escapar desde entonces, desde la prehistoria. La mentalidad humana, sin embargo, fue mucho más allá que las costumbres, así un humano prehistórico que fue nómada y después sedentario encontró sus métodos para ir mejorando la calidad de vida, pero con el paso del tiempo cada persona se ha ido especializando y cumpliendo un rol en la civilización, que desde aproximadamente la Edad de los Metales vamos a permitirnos llamar sociedad. Ese rol que adquieren las personas, hace una diferenciación social que arrastra a la humanidad al clasismo y elitismo, del que somos presos desde dicha diferenciación.

El mundo no está preparado para un cambio, los cambios sólo traen problemas, y todos argumentan que finalmente sólo trae caos, cuando la organización actual es caos, cuando los más ricos se hacen cada vez más ricos y los pobres se empobrecen más, pero a pesar de todo la sociedad no está preparada para ver cómo hay gente que no sigue las modas, a las masas o los estándares que ella misma se ha impuesto. Ese tipo de personas  han decidido que son demasiado inteligentes como para seguir la eterna costumbre de ir como borregos a todas partes, siguiendo a aquellos que tomamos como modelos, los típicos “modelos a seguir” que al final lo que ocasiona es un cúmulo de personalidades lineales, como consecuencia, aquellos que desarrollan su propia personalidad son los extraños en un mundo lineal, y se deben insertar en un mundo al que no pertenecen teniendo dos opciones; o tirar la toalla y abandonar el intento de no ser un socio – zombie, o seguir intentando hacerse un hueco en este mundo hasta que todas las personas se unan y se cambie este modelo social.

La sociedad… Ese castillo de naipes, tan delicado como un copo de nieve, que se sustenta de las apariencias y que con la mínima brisa de verano se puede venir abajo. Pues bien, yo pienso derrumbar ese castillo, y toda la hipocresía, todos los círculos viciosos de apariencias que sustentan el mundo caerán con las cartas.

Ahora comencemos el viaje, será duro, pero estoy segura que tanto tú como yo acabaremos aprendiendo algo. Lentamente disfruta de estas últimas líneas, saborea esas últimas  impresiones que te has llevado con el prólogo y osa a pasar la página para comenzar tu aventura a través del lugar que menos te esperas; la realidad que día a día habitas.

Antes de comenzar permíteme entretenerte con una última cosa, la más esencial de todas; unas simples instrucciones sobre cómo afrontar los capítulos del libro. En primer lugar, escoge un espacio de concentración en el que no vaya a influirte la opinión de nadie, sólo importa lo que pienses tú, después de haber conseguido ese “momento para ti” (un término que trataremos más adelante) sólo déjate llevar por cada uno de los relatos que irán describiendo los capítulos, todos diferentes y con algo común entre sí, igual que las personas, porque de eso trata nuestra aventura, de las personas y de los grupos que conforman, grupos a veces denominados tribus urbanas, o simplemente grupos de amigos con cosas en común.

Ahora sí, pasa la página y toma el tren de la estación que te lleva por el túnel subterráneo de la humanidad, y llega hasta la última parada para hacer el recorrido a pie de vuelta a la estación para continuar tu aventura.

¿Listo?

El tren arranca, cierra los ojos, calma los nervios por el viaje y déjate llevar por el suave traqueteo del vagón de tren; próxima parada: “socio – zombies

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