De la libertad de cátedra al adoctrinamiento de conciencia

[dropcap]E[/dropcap]l debate político está presente  a diario en una gran cantidad de aulas universitarias de todo el país. Esto no es una novedad ni un aspecto negativo, todo lo contrario, es necesario fomentar este tipo de prácticas así como el interés por los temas políticos, económicos y sociales.

Ahora bien, todo debate, para poder ser considerado como tal, debe reunir ciertas condiciones.  En general,  aspectos como el respeto, la diversidad ideológica etc. siempre están presentes en los debates universitarios. Pero hay uno que suele brillar por su ausencia y que algunos profesores (otros no) debería plantearse incluirlo en su lista de tareas pendientes.  

La neutralidad, es esencial para que un debate se pueda desarrollar y resultar interesante. Generalmente esta característica debe ser aportada por el profesor, que debería ceñirse a guiar el debate hacia unos temas u otros. Es aquí donde aparece el gran problema de la docencia universitaria española. No es lo mismo dominar los conceptos de tu materia a ser un profesional de la educación.

Es decir, hay quienes entran por la puerta con la única pretensión de mostrar sus conocimientos, y de paso, mezclarlos un poco con sus ideas, ninguneando cualquier otro planteamiento.” Ganar ” un debate a fuerza de autoridad es uno de los sucesos más tristes que se pueden producir en un aula.

No obstante, en esta vida no todo es negro y siempre nos quedarán esos profesores que saben dejar en la puerta sus ideas y hacer de las aulas un espacio donde compartir opiniones y donde enriquecernos los unos a los otros.

No sería sano realizar esta crítica desde una ideología o desde un posicionamiento político, que un docente se posicione  a un lado o a otro del tablero es negativo para la clase, no aporta nada a nadie, da igual izquierda que derecha.

En definitiva, quedémonos con que también existen profesores que son profesionales de la educación y mientras el resto se dan cuenta de la torpeza pedagógica de su discurso riámonos, porque poco más se puede hacer.

Alberto Martín

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