Ciento dos años de genialidad

Surrealismo abstracto inocuo vacuo inconexo,
figuras alargadas graves grabadas en su cuerpo,
oleo de helio etéreo, fuego enfermo cenizo y ciego,
extranjeros extraños exorbitados escupiendo al cielo,
satélites serpenteando sobre la tela y un incendio,
luces levísimas elevando un vuelo fragilísimo y lento,
inhóspitas huellas en el suelo desértico de un sueño eterno,
elefantes fantaseando con la futilidad del foso del infierno,
los cisnes que los reflejan en un blanquísimo espejo,
jirafas con piernas permanentemente gigantes en el nadir de lo cuerdo,
el gran masturbador turbando a una mujer casi ángel que está muriendo.

Ciento dos años de genialidad en un mayo que reclama tu presencia,
una ausencia que aumenta y una esencia creciendo.

El surrealista más realista que dibujó el color del azúcar y el color del sexo,
los relojes derretidos por el bochorno del verano en los que la memoria sigue persistiendo,
y un horizonte siempre rizado, siempre erizante y siempre hiriendo,
un perro del sur rompiendo el norte de nuestro antiguo cine no mucho más cierto,
el destino inesperado junto al hombre de todos los dibujos de nuestro cuento,
el romance del amor violento, la violencia del tiempo,
Lorca, Buñuel y Gala, también en orden inverso,
una luna en dos, un ojo roto y muy quieto,
un bigote teñido de miedo que eleva sus torres al cielo negro.

Pintor sin comprensión pero sí con premio,
y estos ciento dos años de genialidad y de genio.

la-persistencia-de-la-memoria

Cristina Ballesteros

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